La música como un ministerio
David, los levitas y la restauración del servicio musical en tiempos de Ezequías.
Orientación para la lectura
El capítulo sitúa la organización del ministerio musical en tiempos de David. Esto no significa que antes de David no hubiera canto o alabanza; véase Éxodo 15:1-21.
La institución de la Música como un Ministerio en la Presencia de Dios data desde los tiempos remotos del AT. Fue el Rey David quien incorporó la Música Ungida al ministerio santo, a fin de garantizar el ofrecimiento de un continuo sacrificio espiritual delante de la Presencia del Señor en la tienda o tabernáculo que él erigiera en Jerusalén como nuevo santuario para el Arca de Dios. Allí puso delante del Arca de Jehová ministros de los levitas para que recordasen, confesasen y loasen a Jehová Dios de Israel con sus instrumentos de música, tales como salterios, arpas, címbalos y trompetas que hacían sonar continuamente (1 Cr. 16:4-6).
Posteriormente, al hacer preparativos para el Templo que su hijo habría de edificar, ratificó su decisión de apartar para el ministerio a los músicos, hijos de Asaf, Hemán y Jedutún, los cuales estarían bajo la dirección de sus respectivos padres con sus instrumentos de música para el ministerio del Templo de Dios (1 Cr. 25:1-6).
Cuatro siglos más tarde encontramos el Rey Ezequías restaurando el Ministerio de la Música Ungida para el Culto Santo, en atención a considerar la antigua decisión de su ilustre ancestro como un "mandamiento que procedía de Jehová" (2 Cr. 29:25). En esta ocasión, algunos aspectos interesantes de este ministerio son puestos de relieve:
(1) Es un ministerio dado por Dios (2 Cr. 29:25).
(2) Cuyos instrumentos de música a emplear deben ser santos (2 Cr. 29:26; 1 Cr. 16:42; Neh. 12: 24 y 36).
(3) La liturgia a desarrollar también santa (2 Cr. 29:27; Lev. 8 y Lev. 9).
(4) Y se caracteriza por incorporar canciones divinamente inspiradas en su repertorio, especialmente los Salmos (2 Cr. 29:30).
(5) Además, el AT nos permite creer que los Ministros de Música pueden servir a tiempo completo en el ministerio (1 Cr. 9:33; Neh. 12:46-47; 10:39; cf. 13:10).
El Ministerio de la Música Ungida parece encontrar su razón de ser primordialmente en la alabanza a Dios (cf. 1 Cr. 16:4, 41; 23:5; 2 Cr. 29:30), razón por la cual convencionalmente se ha dado en llamar 'Ministerio de Alabanza', aunque luego veremos que incluye más que eso. Es por ello que en los dos siguientes capítulos enfocaremos este ministerio de ese único modo, para luego ampliar su espectro a partir del capítulo 4.
Razón actual para el ministerio de alabanza
El llamado del pueblo de Dios a proclamar sus maravillas y ofrecer alabanza.
Orientación para la lectura
La proclamación de las maravillas de Dios es central en la explicación del autor. Hechos 2 también narra la predicación de Pedro; la alabanza y el anuncio del evangelio no se excluyen.
La historia humana nos enseña y la experiencia de la vida nos demuestra que, detrás de cada acción, invención e institución humana hay un propósito; y es precisamente ese propósito el que va a determinar el uso, la utilidad y la razón de su existencia.
De igual manera la Biblia nos enseña que Dios también hace todas las cosas con un propósito: El crea, instituye y actúa con un propósito santo y bien definido; y entender Sus propósitos es la única manera de entender Sus obras y saber distinguir cuál es nuestro papel a jugar en las mismas.
Una de las maravillosas obras de Dios que más nos afecta y que más apela a nosotros es la creación de un pueblo santo, redimido por la sangre de Cristo y que el NT denomina 'la Iglesia'. Y, como es de esperar, la Biblia nos revela que hubo ciertos propósitos en la mente de Dios desde la eternidad que se hicieron manifiesta realidad con la creación de la Iglesia y en virtud de la Obra de Cristo. Uno de estos propósitos es que cada creyente, como parte de la Iglesia, llegue a convertirse en un ministrador de alabanza. Consideremos por unos instantes el testimonio de las Escrituras al respecto:
1. AL ANUNCIARLO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Is. 61:6, 11: "Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados... así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones".
Note que esta Escritura hace alusión al resultado que traería la Obra de Cristo en Su primera misión a la tierra (cf. vv. 1-3). Por tanto, nos encontramos frente a una de las predicciones proféticas del AT que vislumbraron en la antigüedad la posición privilegiada del creyente en la Era de la Gracia.
Es importante también señalar que fue necesario como premisa trocar la tristeza, el lamento y la angustia de los "afligidos de Sión" en gloria, gozo y alegría para que entonces el Señor pudiese hacer brotar mediante el ministerio de ellos la Alabanza delante de todas las naciones (cf. Sal. 22:22-31).
2. AL CONFIRMARLO EN EL NUEVO TESTAMENTO
En 1 Ped. 2:9 "anunciar" equivale a publicar, proclamar; y "virtudes" equivale a maravillas.
De manera que aquí se nos dice claramente que el principal propósito para el cual hemos sido escogidos, adquiridos, santificados y constituidos por Dios sacerdotes del Nuevo Pacto, consiste en publicar en la tierra las maravillas y grandeza de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. ¡Esto no es otra cosa que PURA ALABANZA! (cf. Sal. 92:1-2; 145:3-7).
3. AL EVIDENCIARLO EN LA NARRACIÓN DE LO SUCEDIDO EN PENTECOSTÉS
Hch. 2:1-11. Vea v. 11: "...las maravillas de Dios".
Precisamente con el derramamiento del Espíritu Santo sobre los creyentes en Pentecostés, la Iglesia naciente -como reino de sacerdotes ungidos para Dios- realizó su 'debut' publicando en más de 15 idiomas "las maravillas de Dios".
No fue, por tanto, con predicación sino con alabanza que la Iglesia hizo su trascendental presentación al mundo, demostrando de esta forma el principal propósito para el cual había sido llamada, santificada y ungida.
Queda fehacientemente testificado por las Escrituras al anunciarlo en el AT, confirmarlo en el NT y evidenciarlo en Pentecostés, que el convertirse en un ministrador de alabanza es el propósito de Dios en Cristo para cada creyente. Ya desde la antigüedad Dios lo venía dando a conocer: cf. Is. 43:21; Sal. 102:18b. Sólo nos resta atender al llamado del escritor sagrado a los hebreos cuando dice: "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre" (Heb. 13:15)
Connotación tipológica del ministerio de alabanza
Los sacrificios espirituales del Nuevo Pacto y su relación con el culto antiguo.
Orientación para la lectura
Las correspondencias entre los sacrificios antiguos y la vida cristiana son interpretaciones tipológicas del autor. Hebreos 13:10-16 y 1 Pedro 2:5 deben leerse en su contexto; las aplicaciones simbólicas no son citas textuales.
Cuando oímos hablar de sacrificios y de sacerdocio, por regla general tendemos a relacionar el tema con el AT, atribuyéndolo a los arcaicos ritos del Antiguo Pacto y sin siquiera imaginarnos que pueda tener alguna relación con nosotros como creyentes en Cristo.
Si bien es cierto que lo prefigurado en los sacrificios del AT fue cumplido por Cristo en el Calvario y, por consiguiente, ya no hay necesidad de sacrificios cruentos en la actualidad; sin embargo, el NT nos habla de ciertos "sacrificios" los cuales se espera que el creyente redimido ofrezca a Dios, aun en esta Era del Nuevo Pacto. Consideremos por unos instantes algunas características de los mismos, auxiliándonos de las Escrituras neotestamentarias:
1. Los sacrificios del Nuevo Pacto SON DE NATURALEZA ESPÍRITUAL.
Cf. 1 Ped. 2:5. Cuando el NT nos habla aquí de "sacrificios espirituales" se está refiriendo a los sacrificios exigidos ahora, en la Era de la Gracia, por "la Ley del Espíritu de Vida", en contraposición a los que exigía anteriormente la "ley del pecado y de la muerte", i.e. la ley del Monte Sinaí (cf. Ro. 8:2).
Son los sacrificios propios de la vida "en el Espíritu" a presentar por aquellos que son "guiados por el Espíritu" y que, por consiguiente, no están "bajo la ley" (cf. Gal. 5:18).
Estos "sacrificios espirituales" vienen a cumplimentar realmente el propósito de Dios tipificado o prefigurado en los sacrificios del Pacto Antiguo: si bien es cierto que cada sacrificio del Antiguo Pacto señalaba hacia la muerte de Cristo, por cuanto en cada uno de ellos la sentencia de la Ley se ejecutaba sobre el sustituto del ofensor y Cristo en la Cruz es el Sustituto Perfecto, también es cierto que hay indicios de cierta alusión en todo ello a los sacrificios a ofrecer por el creyente como sacerdote bajo el Nuevo Pacto:
a. Si hablamos del 'holocausto' (heb. "lo que sube (en llama y humo)"; gr. "enteramente quemado") que constituye el tipo de sacrificio más antiguo de la Biblia y que a diferencia de todos los demás debía ser consumido totalmente por el fuego en el altar, vemos que este sacrificio nos enfatiza la entera dedicación y total rendición a Dios esperada del creyente bajo las condiciones del Nuevo Pacto (cf. Ro. 12:1).
b. Si hablamos de la ‘oblación’ u ofrenda vegetal (heb. "aporte o donación" i.e. voluntario) notamos que la misma nos señala hacia la acción de gracias en reconocimiento de la fiel provisión de Dios como Dueño y Dador del pan diario, en lo cual el creyente debe abundar, según Col. 2:7.
c. Si de las ‘ofrendas de paz' se trata (heb. "matanza de paz") ellas nos hablan de la comunión en la adoración posibilitada por la paz entre Dios y el hombre por mediación del sacrificio expiatorio de Cristo (cf. Col. 1:20; 1 Jn. 1:3; 1 Co. 1:9).
d. Y si aludimos al 'continuo sacrificio' (heb. "holocausto siempre" o "lo que sube continuamente") podremos notar que éste enfatiza la importancia de la devoción en la vida del Pueblo en general y de cada siervo de Dios en particular.
El hecho de pertenecer al género de los holocaustos nos habla de la perenne rendición y total dedicación a Dios de la vida del creyente.
El hecho de ir acompañado de ofrendas, tanto de oblación como de libación, nos habla de una vida que abunda en acciones de gracias a Dios y que está siendo constantemente derramada en fe y obediencia sobre el altar del servicio al Señor (cf. Flp. 2:17).
Su carácter continuo nos habla de la alabanza como sacrificio y ofrenda que bajo la Gracia el sacerdote del Nuevo Pacto es llamado a presentar 'de continuo' ante Dios por medio de Jesucristo. Observe: "Por medio de él, pues, presentemos de continuo, sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre" (Heb. 13:15 VM)1
Aclaramos también que la connotación que la palabra 'sacrificio' recibe en nuestro idioma actualmente, es totalmente ajena a las Escrituras; de manera que la Biblia no nos está pidiendo hacer un sacrificio, un esfuerzo grande para alabar a Dios, sino simplemente 'presentar alabanzas como sacrificio a Dios' o, para ser más exactos, 'presentar de continuo alabanzas como continuo sacrificio a Dios'.
2. Los sacrificios del Nuevo Pacto SON OFRECIDOS SOBRE UN NUEVO ALTAR.
(En este punto, lo que aparece entre comillas corresponde a comentarios del Dr. C.I. Scofield al margen de Lev. 4:12 en su Biblia Anotada).
Cf Heb. 13:10-13. En esta porción de la Escritura, "el campamento representa al judaísmo, el cual constituía una religión de formalismos y ceremonias".
v. 12: "por lo cual también Jesús, para santificar (separar o poner aparte 'para Dios') al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta" (del Templo y de la ciudad; es decir, fuera del judaísmo en su carácter civil y religioso).
v. 13: "Salgamos, pues, a él fuera del campamento..." (i.e. fuera de todo sistema religioso que niega a Cristo como nuestra ofrenda por el pecado). Y podemos añadir: fuera de todo legalismo que niega la eficacia de la Obra Redentora de Cristo y pone en duda la capacidad santificadora del Espíritu Santo en la vida del creyente.
"Este aspecto de la muerte de Cristo era simbolizado en la ofrenda por el pecado, la cual era quemada fuera del campamento" (cf. Lev. 4:12).
"Muy contrario a lo que algunos han imaginado, los cuerpos de los animales ofrecidos en el sacrificio por el pecado eran quemados fuera del campamento, no porque estuviesen saturados de pecado y fuesen, por tanto, indignos de permanecer en un lugar santo. (Note que debían ser sacados 'a un lugar limpio', v. 12). Más bien, un campamento no santo era un lugar inapropiado para la ofrenda santa por el pecado. El cuerpo muerto de Nuestro Señor no estaba saturado de pecado aun cuando sobre El fueron llevados nuestros pecados (1 Ped. 2:24)".
Todo esto nos indica que "la Cruz ha venido a ser un nuevo altar en un nuevo lugar donde, sin ningún mérito en sí mismos, los redimidos se reúnen para ofrecer, en su carácter de sacerdotes del Nuevo Pacto, sacrificios espirituales".
En otras palabras: es sobre la base de la Obra Expiatoria de Cristo que el creyente se encuentra en capacidad de acercarse a Dios para ofrecer 'sacrificios espirituales' (Note 1 Ped. 2:5: "...por medio de Jesucristo").
3. Los sacrificios espirituales del Nuevo Pacto SON AUN MÁS EXCELENTES QUE LOS SACRIFICIOS CRUENTOS DEL PACTO ANTIGUO.
Sal. 27:6b: "yo sacrificaré en su tienda (trad. preferible) sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Jehová".2
En el salmo citado David se está refiriendo a la tienda nueva que él mismo le había levantado al Arca de Dios (1 Cr. 16:1; 15:1; 2 Sam. 6:17) en contraposición con el Tabernáculo (heb. mishkáan) que Moisés había construido y que permanecía en Gabaón (1 Cr. 16:39)
En tiempos de David hubo 2 santuarios simultáneos: uno en Jerusalén con el Arca del Pacto dentro de una "tienda" nueva que David le había erigido en ocasión de su traslado desde Kiriath-Jearim hasta la Capital del Reino, luego de más de 47 años (algunos autores sugieren un lapso de tiempo aun mayor incluso) olvidada
en casa de Abinadab; y otro en Gabaón con el Tabernáculo que Moisés había construido en el desierto y su mobiliario. Esta situación continuó con Salomón hasta el mismo día de la Dedicación del Templo (2 Cr. 1:1-6; 1 Rey. 8:3-4)
Al frente del Tabernáculo en Gabaón, David puso al sacerdote Sadoc; mientras que al frente del Santuario en Jerusalén puso al 'levita' Asaf (1 Cr. 16:39, 37, 5)
En la "tienda" David no podía ofrecer sacrificios 'legales', por cuanto el altar de bronce no se encontraba allí, sino en Gabaón (2 Cr. 1:3-6; cf. Dt. 12:13-14 vs. Lev. 1:5) (Para entender cómo pudo entonces ofrecer los sacrificios descritos en 1 Cr. 16:1-3 debemos remitirnos a Ex. 20:24-25 y Dt. 27:5-7); pero sí podía ofrecer sacrificios 'espirituales'; él había garantizado con el ministerio del sacerdote Sadoc y sus hermanos, la satisfacción de las exigencias divinas bajo la Ley, allá en Gabaón; lo cual era necesario para poder participar de la comunión del Dios Santo acá en Jerusalén (cf. Sal. 26:6)
De manera que David estaba desarrollando acá lo que Sadoc estaba prefigurando allá (cf. 1 Cr. 16:40): el holocausto enfatizaba la importancia de la devoción en la vida del pueblo y constituía la garantía de la Presencia Divina (cf. Ex. 29:42), lo cual prefiguraba la posteriormente esperada devoción en la vida del creyente y la 'alabanza' como el continuo sacrificio en la Era de la Gracia (Heb. 13:15 VM)
David se había adelantado a su época. En primer lugar, él había descubierto el verdadero propósito de Dios en todo aquello (cf. Sal. 50:8-15): había sido capaz por medio del Espíritu Santo, de descubrir el propósito divino de una vida de oración y una entera consagración en el continuo ofrecimiento del incienso y del holocausto (Sal. 141:2), una vida agradecida que deviene de la Alabanza en los sacrificios voluntarios (Sal. 26:6-7), y una vida derramada en fe y obediencia en las ofrendas de libación (Sal. 62:8). En segundo lugar, él reconocía que los sacrificios que estaba ofreciendo el sacerdote Sadoc tenían su mérito; pero él había descubierto un sacrificio aún más excelente que ofrecer. Tal parece como si le estuviese diciendo a Sadoc: "sigue tú con tu legalismo allá, pero yo he descubierto y he entrado en una nueva dimensión acá ".
Se concluye entonces que, aun en esta Era de Gracia, Dios demanda sacrificios; y hay un 'continuo sacrificio' que ofrecer.
Dios está pidiendo que ofrezcamos de continuo a EL, por medio de Cristo, sacrificios de Alabanza; i.e. que LE ofrezcamos 'alabanza' como un continuo sacrificio, como una continua ofrenda: "frutos de labios" que confiesen las grandezas de Su Nombre, que publiquen las virtudes del que nos llamó de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la revelación espiritual.
EL no desea que la Alabanza sea algo esporádico en nuestras vidas, sino que pretende que continuamente fluya de nuestros labios ("tarde y mañana"), y promete que la gloria de Su Presencia permanecerá con nosotros.
Posibilidad real de ejercer el ministerio
Nuevo nacimiento, unción del Espíritu Santo y libre acceso a Dios por Jesucristo.
Orientación para la lectura
Se conserva el enfoque pentecostal del autor sobre la unción para el servicio. Sus analogías sacerdotales y conclusiones sobre la experiencia de los creyentes del primer siglo se presentan como interpretación, sin confundirlas con el texto literal de cada pasaje.
El sacerdocio divinamente instituido es la posibilidad dada por Dios de que otras personas tengan acceso a Su Presencia con la finalidad de oficiar delante de El en calidad de intercesor y/o mediador, pero también de simple adorador, por medio del ofrecimiento de sacrificios divinamente estipulados, garantizando de esta manera el favor y la comunión divinos.
"Antes de la promulgación de la Ley Mosaica, el padre o cabeza de cada familia, así como los príncipes y reyes, ejercían el sacerdocio en favor propio o de los suyos en sus propias habitaciones y ciudades.
"Venida la Ley, la Promesa Divina de recompensa a la perfecta obediencia a la misma fue que Israel llegaría a ser para Dios 'un reino de sacerdotes' (Ex. 19:5-6).
"Sin embargo, aquella nación no supo cumplir con las condiciones impuestas y Dios entonces limitó el oficio sacerdotal a la familia de Aarón, designando al resto de la tribu de Leví como asistente de los sacerdotes aarónicos e instituyendo de esta manera un sacerdocio que tipificaba en cierta medida la actividad que ahora realiza el creyente (Ex. 28:1; cf. 24:5 vs Núm. 16:40).
"Ya en la Dispensación de la Gracia la Iglesia ha devenido un verdadero reino de sacerdotes para Dios (Ap. 1:6)" (*)
"Ahora todo creyente, al estar unido con Cristo por la fe, se constituye en sacerdote ante el Señor" (**)
Este sacerdocio de todos los creyentes constituye la cumplimentación de los verdaderos propósitos de Dios prefigurados en el sacerdocio levítico, en virtud del apoyo de la Gracia Divina con que cuenta para la provisión de todos los recursos que lo hacen plenamente posible y altamente eficaz. Hagamos, a continuación, una breve comprobación de este planteamiento:
1. El primer recurso provisto por la Gracia Divina que hace plenamente posible y altamente eficaz el sacerdocio de todos los creyentes es EL NACIMIENTO ESPÍRITUAL (cf. Stg. 1:18; 1 Ped. 1:23).
El sacerdocio levítico presentaba exigencias de identidad. "La única manera de llegar a ser un sacerdote en el Antiguo Pacto era por medio del nacimiento natural en la familia correcta, i.e. la familia que Dios había escogido para el sacerdocio, la familia de Aarón". (**)
Si alguno se atrevía a acercarse a Dios para ofrecer sacrificios no siendo de la familia de Aarón, ese intento frustrado sería el último en su vida. Hay un ejemplo prominente en las Escrituras del AT: el caso de Coré, levita, de la familia de Coat, mas no de la Casa de Aarón (era primo de Aarón) (Núm. 16).
Note que siendo Coré del Pueblo de Dios, de la tribu sacerdotal de Leví, de la línea familiar de Coat, no obtuvo sin embargo el derecho al sacerdocio por el solo detalle de no pertenecer a la descendencia de Aarón.
Si el sacerdocio levítico con todas sus limitaciones era tan exigente, ¡cuánto más no lo sería el verdadero y más excelente sacerdocio que el mismo prefiguraba: ¡el sacerdocio según el orden de Melquisedec, del cual Cristo es Sumo Sacerdote y nosotros un ‘reino de sacerdotes para Dios’!
Es evidente que, de igual manera, para llegar a ser sacerdotes del Nuevo Pacto se requiere un nacimiento especial: un nacimiento a la familia a la cual pertenece nuestro Sumo Sacerdote. Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, es "el Hijo de Dios", de donde se desprende que para llegar a ser sacerdotes del Nuevo Pacto es necesario nacer a la familia de Dios.
Desde el punto de vista humano esto no habría sido posible. Coré al menos pertenecía al mismo Pueblo al cual pertenecía el sumo sacerdote Aarón, al pueblo de Dios; pero nosotros -según 1 Ped. 2:10- ni siquiera éramos Pueblo de Dios.
Sólo la Gracia Divina ha sido capaz de salvar los obstáculos, facilitando a cada creyente el nacimiento espiritual a la Familia de Dios a partir de la simiente incorruptible por medio de La Palabra (Ef. 2:19).
2. El segundo recurso es LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO (Tit. 3:5-6).
El sacerdocio levítico presentaba exigencias, no sólo de identidad, sino también de capacidad, i.e. "el sacerdote no solamente debía nacer a la familia correcta, sino que también debía ser ungido para este ministerio. Sólo el sacerdote ungido estaba en capacidad de ministrar delante del Señor". (**) (cf. Lev. 4:3-6 y Núm. 3:3; además Lev. 8:12, 30; 10:7; 16:32; Núm. 35:25).
La unción simbolizaba la elección, santificación y capacitación divinas para ejercer la función a la cual había sido llamado (cf. Ex. 30:25-30). Elección, en el sentido de que era Dios quien lo instituía sacerdote y, por ende, gozaban de la aprobación divina para el ejercicio de su ministerio (éste constituía un aspecto muy importante y que no se debía pasar por alto, pues Dios solamente reconocía en su oficio a los que El Mismo había elegido. Cf Os. 8:4 donde se ignoró flagrantemente el derecho divino de elección). Santificación, en el sentido de que era dedicado, consagrado y totalmente separado de toda contaminación para el servicio a Dios; la santidad era imprescindible para ministrar delante del Dios Santo. Capacitación, en dos sentidos: en el sentido de que, en virtud de satisfacer los dos requisitos anteriores, se encontraba en capacidad de acercarse a Dios; y en el sentido de que recibía de parte de Dios la habilidad necesaria para el ejercicio de su ministerio.
"Para ser ungido, el Aceite de la Santa Unción, símbolo del Espíritu Santo, debía ser derramado sobre la cabeza del sacerdote" (**).
Es de esperar que este requisito se extendiera también al sacerdocio del Nuevo Pacto pues todavía Dios continúa reconociendo en su oficio solamente a los que El Mismo ha elegido; todavía El exige la santificación de los que se acercan a Su Presencia y todavía El capacita con la habilidad necesaria para ministrar delante de Él. Una muestra de lo primero lo tenemos en el Monte de la Transfiguración cuando Dios Padre reconoce el ministerio de JESUS en virtud de Su Soberana y Eterna elección (Mt. 17:5); de lo segundo, en una de las Bienaventuranzas del Sermón del Monte, que no es otra cosa sino un código de leyes espirituales del Reino en la Gracia (Mt. 5:8); de lo tercero, en la capacitación de JESUS para Su ministerio público al subir del Jordán, a la cual hizo referencia el apóstol Pedro en casa de Cornelio (Hch. 10:38).
En efecto, "el sacerdote del Nuevo Pacto tiene también una Unción que recibir" (**). Jesucristo dio a entender la prioridad de la unción para el servicio cuando ordenó a los discípulos que no se lanzaran al ministerio hasta que fuesen ungidos con el Espíritu Santo; con lo cual estaba sancionando el principio que establecía que sólo el sacerdote ungido está en plena capacidad de ministrar con eficacia delante del Señor.
"El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés vino a manifestar lo que el derramamiento del Aceite de la Santa Unción prefiguraba en el Antiguo Pacto" (**). Su carácter extensivo a todos los que creen en Jesucristo posibilita el sacerdocio de todos los creyentes (cf. Hch. 2:38-39). El apóstol Juan reconoce que ahora la unción reposa sobre todos los creyentes bautizados con el Espíritu Santo (1 Jn. 2:20, 27). 3
El apóstol Pablo alude a la unción recibida (en el caso de él en Damasco: Hch. 9:17) como contundente evidencia de su elección, santificación y capacitación para el ministerio entre los gentiles (2 Co. 1:21).
Las Escritura neotestamentarias presentan aún más evidencia de que la unción para el servicio a Dios está a disposición de todos los creyentes: Pablo reconoce la elección divina para el servicio de los cristianos tesalonicenses, en virtud de la unción del Espíritu Santo que habían recibido por medio de su ministerio (1 Tes. 1:4-6); Juan el Bautista apunta claramente al aspecto santificador del Espíritu Santo presente también en la unción o bautismo del creyente (Mt. 3:11: 'fuego'); el Libro de los Hechos nos enfatiza el aspecto capacitador de la unción del Nuevo Pacto (Hch. 1:8).
Aquí cabe una pregunta: "habiendo nacido de nuevo por el Espíritu, ¿fue Ud., también 'ungido' con el Espíritu?" (**) (cf. Hch. 19:2). i.e. habiendo nacido a la familia correcta para poder ser un sacerdote del Nuevo Pacto, ¿recibió Ud., la unción para ejercer el sacerdocio? Debemos recordar que sólo la unción del Espíritu Santo puede convertirnos en 'ministros competentes del Nuevo Pacto' (2 Co. 3:6).
3. El tercer recurso es EL LIBRE ACCESO A DIOS (Heb. 10:19-22).
El sacerdocio levítico presentaba posibilidades limitadas. Bajo la administración del sacerdocio levítico, solamente al sumo sacerdote le era permitido entrar en el Lugar Santísimo, y esto una sola vez por año en el Día de la Expiación (Heb. 9:7). Existía un velo que hacía separación entre el recinto Santo y el Santísimo, estableciendo marcada diferencia entre el servicio a un Dios Santo y la verdadera comunión con El.
No todo el que oficiaba como sacerdote delante de Dios podía entrar a Su Presencia: no todo el que le servía podía disfrutar de una comunión directa y verdadera con El.
De manera que el sacerdocio levítico tenía sus obvias limitaciones: era un sacerdocio de privilegios: sólo uno era admitido a Su Presencia, sólo uno podía prescindir de mediador, sólo el oficio de uno era realmente eficaz. Era un sacerdocio de riesgos: una muerte abrupta y horrorosa podía muy bien venir a coronar años de abnegado y fiel servicio. Era un sacerdocio de frustraciones: al Dios que continuamente servían nunca
llegarían a conocer plenamente; por mucho que se esforzaran en agradarle, nunca les recibiría en Su Presencia.
Sin embargo, cuando Cristo murió en la Cruz, el velo que separaba del Lugar Santísimo -tipo de Su propio cuerpo (Heb. 10:20)- fue rasgado en dos de arriba a abajo; "de modo que ahora los sacerdotes neo testamentarios, que son todos los creyentes, tienen libre acceso a Dios en el Lugar Santísimo, juntamente con Cristo, quien es el Sumo Sacerdote del creyente y quien está corporalmente allí" (*) (Heb. 4:14). Ahora no hay privilegios: todos tenemos el mismo derecho, todos tenemos las mismas oportunidades; no hay riesgos: no nos hemos acercado al Dios Temible del Monte Sinaí, sino al Dios Misericordioso del Monte de Sión, no al Trono de la Justicia sino al Trono de la Gracia con plena confianza (Heb. 12:18, 22; 4:16); no hay frustraciones: ese Dios a quien servimos nos hace partícipes de Su Presencia, participamos de Su servicio, pero también de su comunión.
"Este libre acceso ha hecho posible que, en el ejercicio de su función sacerdotal, el sacerdote neo testamentario no sólo sea un sacrificador (para ofrecer no ya sacrificios cruentos, innecesarios desde la muerte de Cristo; antes bien, sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo -1 Ped. 2:5-) sino que también venga a ser un intercesor en la misma Presencia de Dios" (*) ¡Y todo por la soberana y sola Gracia de Dios!
Queda evidenciado entonces, en virtud del apoyo de la Gracia Divina con que cuenta para la provisión de todos los recursos necesarios, que el sacerdocio de todos los creyentes constituye la cumplimentación de los verdaderos propósitos de Dios prefigurados en el sacerdocio levítico.
De aquí se desprenden dos razonamientos lógicos. Primero, que éste ha venido a ser un mejor y aún más excelente sacerdocio; un sacerdocio altamente eficaz y totalmente perfecto, que no admite reformas y que es eterno (cf. Ap. 20:6). Segundo, que cada creyente está llamado a tomar conciencia de su nueva posición en Cristo como sacerdote del Nuevo Pacto y andar como es digno de la vocación con que ha sido llamado (Ef. 4:1).
(**) Lo que aparece entre comillas lo debo a Phil Rogers y su breve, pero valiosa obra titulada 'Cómo ser Adorador', que ha activado mi mente con novedosas ideas.
Componentes básicos del ministerio
Acción de gracias, alabanza, bendición y adoración: significado y aplicación.
Orientación para la lectura
Se conservan las distinciones pedagógicas del autor. Sus explicaciones sobre las ruedas, los querubines, la presencia de Dios y los efectos de la alabanza son aplicaciones teológicas, no fórmulas automáticas. La afirmación lingüística acerca del verbo de 1 Pedro 2:2 requiere revisión especializada. La tristeza y el lamento también aparecen en la oración bíblica; véase Salmos 42:1-11.
Hasta ahora hemos estado relacionando al ministerio de la música tan sólo con la Alabanza. Sin embargo, hay indicio bíblico de que es necesario considerar también como parte de las funciones de este ministerio el desarrollo y/o viabilización de otros elementos que conforman el culto espiritual que debemos rendir a Dios, y que también constituyen, como aquella, contrapartes plenamente cumplimentadas del culto antiguo.
Por ejemplo: en 1 Cr. 16:4 se detallan razones que parecen justificar la presencia de este ministerio. Se nos dice que existe para que Dios sea recordado, confesado y loado. Los términos hebreos a que corresponden estas dos últimas son traducidos más adelante (1 Cr. 23:30 y 2 Cr. 31:2) como "dar gracias y tributar alabanzas" respectivamente.
En Sal. 96:2 encontramos la acción de "bendecir a Dios" vinculada también, en cierto modo, con este ministerio. Ya Dt. 10:8 nos había asegurado que los músicos, por ser levitas, estaban también para bendecir.
En 2 Cr. 29:27-28 encontramos al ministerio de la música propiciando además la "adoración a Dios".
En este capítulo trataremos cada uno de estos elementos del culto divino por separado por la importancia que revisten para este ministerio.
1. ACCIÓN DE GRACIAS
El término hebreo por excelencia para referir Acción de Gracias en el AT es 'toodáa' y significa propiamente una 'extensión' de la mano. Por su parte el NT utiliza el término griego 'eukjaristía' que literalmente resalta el hecho de haber sido 'bien favorecido'.
En Lev. 22:29 se nos enseña que la Acción de Gracias es 'un sacrificio', un sacrificio 'a ofrecer a Jehová'; que hay 'una manera' estipulada de ser ofrecido, y que esa manera garantiza que sea 'aceptable' (cf. Lev. 19:5).
En el AT la Acción de Gracias aparece como una modalidad del Sacrificio de Paz. Este era uno de los primordiales para el acceso a un Dios Santo. Podía ser ofrecido por 3 motivos diferentes: cumplimiento de un voto, ofrenda voluntaria, y acción de gracias.
El Lev. 7:11-15 se dan instrucciones a los sacerdotes sobre 'La Ley del sacrificio de Acciones de Gracias de Paz' (v. 13). La frase "en acción de gracias" (v. 12) quiere decir 'como una expresión de agradecimiento'. Entonces, junto con esta ofrenda de gratitud referida en Lev. 3, el sacerdote debía ofrecer:
a. Tortas (panecillos) sin levadura amasadas con aceite.
b. Hojaldre (hojuelas o empanadillas) sin levadura rociada o untada con aceite.
c. (Frituras de) Flor de Harina (harina de la mejor calidad) amasadas con aceite.
La falta de levadura nos habla de la sinceridad requerida en esta ofrenda, y el aceite señala al Espíritu Santo, quien es imprescindible para una eficaz rendición de culto a Dios (cf. Flp. 3:3 NIV).
Esta es la "oblación" (VM) que había de acompañar el Sacrificio de Paz cuando constituía una expresión de Acción de Gracias.
Todo lo anterior, sin embargo, debía ir acompañado de tortas de pan 'leudo' (cf. Ex. 12:15 vs. Lev. 2:11-12; Am. 4:5) lo cual puede estar hablándonos de la imperfección del oferente.
Una parte de cada variedad debía ser presentada como ofrenda elevada a Jehová, y sería del sacerdote oficiante. (Respecto a lo que pertenecía al sacerdote de la carne del sacrificio, vea el v. 34)
La carne propia del sacrificio de Paz debía comerse en el mismo día que fuera ofrecida: no debían dejar de ella nada para otro día (v. 15; 22:29-30); no así en los otros dos motivos de sacrificio de paz citados arriba, cuando lo que quedaba de la carne lo comerían al día siguiente, más lo que aún quedaba hasta el tercer día debía ser quemado (Lev. 7:16; cf. 19:5-8)
La persona que comiera la carne del sacrificio de paz -el cual era de Jehová- estando inmunda (la persona:
v. 19f), sería cortada de su pueblo (v. 20). Esto quería decir que 'toda persona ceremonialmente limpia podría comer la carne del sacrificio de paz', planteamiento éste muy importante para nosotros hoy, que luego explicaremos.
En todos los detalles de la anterior descripción hay riquezas de simbolismo espiritual, pero no es el propósito nuestro entrar en esos pormenores, al menos por el momento.
En el AT también se le denomina a la Acción de Gracias 'Sacrificio de Paz de Acción de Gracias'; lo cual quiere realmente decir: 'Sacrificio de Acción de Gracias para Reconciliación con Dios'.
Lo que nos interesa hacer resaltar de todo esto es lo siguiente:
El Sacrificio de Paz (o Sacrificio de Reconciliación con Dios) perfecto lo hizo Cristo (o más bien, fue Cristo) en el altar de la Cruz. Resultado: nos reconcilió con Dios.
PERO a nosotros hoy día nos toca ofrecer el sacrificio de gratitud (o el sacrificio en acción de gracias o en agradecimiento) por esa Reconciliación (esa Paz con Dios) lograda por Cristo y a la cual el Padre accedió.
Pudiéramos afirmar entonces que la Acción de Gracias:
a. Constituye el sacrificio espiritual que nos permite responder adecuadamente a la Gracia de Dios manifestada en Su acceder bondadoso a hacer las paces con nosotros.
b. En virtud de haber sido una modalidad del sacrificio de paz, constituye un recurso espiritual que permite complementar en la vida particular de cada creyente la Obra de Reconciliación con Dios efectuada por Cristo.
c. Constituye también, en cierto modo, un medio de celebrar la continua restauración a la comunión con Dios que el creyente puede experimentar a diario, sobre la base de la Reconciliación efectuada una vez y para siempre mediante el Sacrificio de Paz Perfecto sobre el Altar de la Cruz.
Mirando desde nuestra posición actual a Lev. 7:19-29, observamos algunas verdades espirituales: para que la ofrenda de Acción de Gracias que debemos ofrecer ahora sea 'aceptable' delante de Dios, es decir, para que funcione como complemento de la Obra de Reconciliación, se requiere del oferente: primero, que esté 'limpio' (ritualmente), i.e. limpio de pecado y ceremonialmente limpio, lo que en nuestro contexto significa que el creyente esté cumpliendo con los requisitos prescritos por Dios y que esté en condiciones de acercarse a Dios para ofrecerle sacrificios; segundo, que presente su ofrenda de Acción de Gracias sobre la base de la Reconciliación viabilizada por el Sacrificio de Paz, o sea que el creyente debe acercarse a presentar acción de gracias no sin antes haber confesado sus pecados, lavado su alma en la Sangre del Sacrificio Perfecto y ajustado su vida a las prescripciones de la Palabra de Dios, ofreciéndola en agradecimiento por haber sido restaurado de esta forma a la comunión con Dios en virtud de que Cristo lo hizo posible con la Reconciliación Eterna efectuada por el sacrificio de Sí Mismo sobre el altar de la Cruz.
Cuando en el v. 19 se nos dice que "toda persona limpia podrá comer de la carne", realmente se nos está queriendo decir que toda persona limpia podría aspirar a disfrutar de la reconciliación y la comunión con Dios. La severidad con que se actuaría contra el transgresor de este requisito (cf. v. 20) se explica si se toma en cuenta la función 'tipológica' del mandamiento:
Comer de la carne del sacrificio de paz sin estar en condiciones de acercarse a Dios para ofrecerlo (i.e. estando "inmundo") estaría implicando que Dios, en contravención con Sus estatutos, aceptaba tener comunión con el transgresor impenitente; es decir, que el hombre supuestamente podría disfrutar de la Presencia y la Comunión con Dios estando aún en sus pecados.
Por el contrario, la Verdad implícita es que HOY toda persona lavada por la Sangre del Sacrificio Expiatorio de Cristo, puede beneficiarse de la Reconciliación alcanzada disfrutando de la comunión con Dios si se mantiene en santidad.
Observe Sal. 26:6-7: Dios exige manos limpias, santas (inocentes) para ministrar en Su Presencia con Acción de Gracias también (cf. Ex. 30:18-21; 1 Tim. 2:8; Sal. 134:2)
En Col. 2:7 el NT nos exhorta a abundar en acciones de gracias en atención, sin duda, a la importancia que ello reviste para el creyente. Cuando este último descuida este aspecto en su devoción a Dios, estará asumiendo automáticamente una actitud de ingratitud.
La ingratitud "es la falta de reconocimiento y apreciación de la gracia y bondad de Dios; es retener un reconocimiento merecido; es presumir de no necesitar el favor y las dádivas de otro; es egocentrismo".4
Son trágicas las consecuencias de la ingratitud hacia Dios. Según Dt. 28:47-48 y 51-57 se traduce en pérdida de la protección divina, falta de todas las cosas, cautividad, destrucción, cese de la abundancia para ser sustituida por hambre extrema. De igual forma Dt. 32:15-20 acusa pérdida del favor divino y abandono a la propia suerte.
Pero mucho peor que esto es que, "como la ingratitud es inaceptable por Dios, estorba el camino de entrada a Su Presencia".3
marzo-abril/91, pp. 67 y 68.
Por su parte, la gratitud "es la decisión deliberada de dirigir nuestros pensamientos hacia la gracia de Dios y Sus bondades en la vida. Si uno pensase en la rendición de culto como una acción progresiva para entrar en la Presencia de Dios, semejante al ascenso para entrar en el Templo, entonces la gratitud es el primer peldaño en dirección a Dios". O sea, "es tomar la decisión de comenzar a entrar en los atrios de la Alabanza". 3
Hay grandes beneficios a recibir de una actitud de agradecimiento en la presencia del Señor. En primer lugar, una actitud semejante "abre las puertas para entrar en los atrios de la Casa de Dios: no hay entrada cuando el supuesto adorador no es agradecido; las puertas no se abren (cf. Sal. 100:4)". (*) En Lev. 7:11-15 encontramos estrecho vínculo entre una actitud de agradecimiento y la paz y la comunión con Dios; sin una actitud de agradecimiento no se puede esperar que Dios reciba nuestra ofrenda. "La aparente adoración sin gratitud es sólo una forma: Dios no está en ella".3
En segundo lugar, una actitud de agradecimiento no solo "abre las puertas que conducen a Dios, sino también las puertas de nuestro propio corazón".3
A más de esto, la acción de gracias "parece abrir las puertas al poder sobrenatural del Espíritu en nosotros". Si atendemos al famoso incidente de la multiplicación milagrosa de los panes y los peces para alimentar a una multitud que contaba, además de las mujeres y los niños, con cinco mil varones aproximadamente y lo hacemos siguiendo única y exclusivamente la narración de Juan, pudiéramos concluir que "la acción de gracias hace que el poder del Espíritu Santo sea liberado", para operar milagros en favor nuestro y, además, que "convierte lo que tenemos en todo lo que necesitamos y más". Según nos narra Juan, en esta ocasión Cristo "dio gracias por una pequeña porción de alimentos (y ello dio como resultado) la multiplicación (de los mismos)". 3
En honor a la verdad, si procuramos una información completa de los cuatro evangeliólogos, todo parece indicar que realmente hubo una combinación de 'acción de gracias' con 'bendición' a Dios Padre en ambos casos de multiplicación milagrosa de alimentos narrados en los Evangelios. Observe:
Mt. 14:19: "bendijo" (Alimentación de cuatro mil) 15:36: ........ "dio gracias" Mr. 6:41: "bendijo" (Alimentación de cuatro mil) 8: 6: ......... "habiendo dado gracias" Lc. 9:16: "bendijo" Jn. 6:11: ........ "habiendo dado gracias"
"Según la costumbre judía, el que preside una comida toma el pan y dice: 'Bendito seas tú, Señor, Dios nuestro, rey del universo, que produces el pan de la tierra'. Los demás responden: 'Amén'. Luego parte el pan y lo distribuye".5 (cf. 1 Sam. 9:13; Lc. 24:30)
Algo similar sucede con la información conjunta respecto a la Cena del Señor (cf. Lc. 22:17 y 19; 1 Co. 11:23-24 vs. Mt. 26:26-27; Mr. 14:22-23; y todo ello vs. 1 Co. 10:16)
En ambos casos la 'aparente' contradicción queda erradicada si entendemos que en realidad hubo una combinación de 'acción de gracias' y 'bendición'.
No obstante, el principio espiritual que se ha estado defendiendo parece quedar vindicado, a pesar de todo, en ocasión de la resurrección de Lázaro, cuando es posible pensar que "la acción de gracias hizo que el poder de Dios fuese manifestado, (liberando) el poder sobrenatural aun frente a la muerte".3 (Jn. 11:41)
Como alguien bien ha dicho, "dar gracias es la más pura y simple expresión de fe"6. "El lamento no tiene otro poder más que el de multiplicar la tristeza y se enfoca en la necesidad, pero la acción de gracias se enfoca en la fuente de provisión para esa necesidad" 3. De modo que el creyente hará bien en dar gracias a Dios "en todo" (1 Tes. 5:18)
5 "Biblia de Estudio" SBU, VPop, 1ra. edición, Suecia 1991, Nota g sobre Mt. 14:19, p. 51. 6 Derek Prince, "Blessing or Curse -You Can Choose"; cap. 19, p. 199; Chosen Books, Fleming H. Revell Co., 1990.
Existe cierta relación entre la 'Acción de Gracias' y la 'Alabanza' en el Culto a Dios que es conveniente conocer:
"Uno no se enfoca en Dios y Su Gracia por mucho tiempo antes que el deseo de alabar lo llene por dentro. Las gradas de la Acción de Gracias llevan pronto a los atrios de la Alabanza. (Aquélla) (permite reconocer) que uno ha recibido de Dios; (ésta permite entonces) dar algo en retorno: la atribución de grandeza, (es decir) recitar con sinceridad los atributos y reconocer el carácter de Dios en Su presencia, (así como) exaltar al Señor. La expresión de agradecimiento en todo tiempo ayudará a alabar a Dios en todas las cosas". 3
Un corazón agradecido constituye la chispa de ignición que da origen a -o echa a andar- todo el proceso o mecanismo en el Culto a Dios: La Acción de Gracias cuando es abundante y enfática necesariamente desembocará en un río de Alabanzas Exaltadas, lo que a su vez generalmente termina por provocar el deseo vivo de 'compensar' o 'pagar' (si es que cabe el término) a Dios por tanto favor no merecido. Ya para entonces el cultor estará preparado para Bendecir a Dios. Más adelante, no conforme ya con dar de sí, se da a sí mismo en la Adoración propiamente dicha.
2. ALABANZA
"La Alabanza es un mandamiento universal" 7. Si leemos analíticamente el Salmo 148 nos daremos cuenta de la veracidad de esta afirmación:
"En el v. 1 la forma verbal 'Alabad' (heb. jalelúu) corresponde al Modo Imperativo del verbo hebreo, que implica 'una orden, un mandato', la cual es extendida primeramente a la Creación Celestial en los vv. 1-6 comenzando por el 3er. Cielo:
"Alabad a Jehová desde los Cielos; alabadle en las alturas. Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle vosotros todos sus ejércitos".
"Descendiendo al 2do. Cielo:
"Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotros todas lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos".
"Y terminando en el 1er. Cielo:
"Y las aguas que están sobre los cielos".
"Luego, el 'mandamiento' es extendido a la Creación Terrenal en los vv. 7-14, comenzando por los seres inanimados: "Alabad a Jehová desde la tierra, los monstruos marinos (monstruosos mares) y todos los abismos; el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra; los monte y todos los collados, el árbol de fruto y todos los cedros";
"Continuando con los seres animados:
"La bestia y todo animal, reptiles y volátiles"
"Hasta este punto podemos notar que todos los aludidos obedecen fielmente el mandato y alaban a Jehová, el Creador, cumpliendo su función, sirviendo al propósito para el cual El los diseñó... y los cielos, obedientes, 'cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos'" (Sal. 19:1)
"Pero hay un sector del universo, radicado paradójicamente en un punto relativamente infinitesimal del mismo, que con marcada prepotencia se resiste a alabar al Creador, a pesar de que hasta él también ha sido extendida la incuestionable orden: nos referimos a los Seres Espirituales terrenales:
"Los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra, los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños. Alaben el nombre de Jehová".6
...por lo cual Dios se ha visto en la necesidad de seleccionar ('llamar fuera de', de donde se deriva la palabra griega 'ek-kleisía', i.e. iglesia; cf. 2 Co. 6:17; Ap. 18:4) de entre ellos a aquellos dispuestos a reconocerle como Creador y "Dueño (Poseedor VM, KJV) de los cielos y de la tierra" (Gen. 14:19), conformando de esta manera un Pueblo Santo (separado) para Sí, que "(anuncie) las virtudes de aquel que (les) llamó de las tinieblas (de la rebeldía) a su luz admirable (de plena comunión por medio de la obediencia)" (1 Ped. 2:9; cf. Sal. 92:1-2); pues han sido "elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer..." (1 Ped. 1:2; por favor lea Is. 43:21)
"Él ha exaltado el poderío de su pueblo, alábenle todos sus santos, los hijos de Israel (Gal. 6:16f; 3:7; Flp. 3:3; Col. 2:11), el pueblo a El cercano" "Aleluya" (i.e. heb. "Alabad a Jehová")
"Queda demostrado entonces que 'la Alabanza a Dios es un mandamiento universal' de lo cual se desprende que, por ser de carácter universal, nada ni nadie queda excluido ni eximido. Por tanto, alabar a Dios no es una opción (aunque en el hombre conlleve un acto de la voluntad) sino una 'obligación' de la cual, como ya se ha dicho, ¡nadie está eximido!" 6
La praxis, entonces, de este conocimiento adquirido será: 'alabar a Dios, no porque lo prefiramos así, porque nos sintamos en disposición de hacerlo, sino sencillamente porque es nuestro deber ineludible'.
Importancia que para nosotros tiene el obedecer este mandamiento.
La 'Alabanza' es un medio de bendición para el Pueblo de Dios. Es innegable que hay bendición para nosotros a través de la oración, la Palabra y nuestro trabajo en fe y obediencia al Señor; pero no es menos cierto que también hay bendición, y grande, a través de la Alabanza a Dios. Quiere esto decir que en lo que se refiere a nosotros, Su Pueblo, Dios nos ordena alabarle no sólo porque a Él le pertenece nuestra alabanza y le gusta nuestra alabanza, sino también porque a nosotros nos conviene alabarle. Veamos, a continuación, algunas razones:
1ro. Porque LA ALABANZA NOS HA SIDO DADA PARA NUESTRA VESTIDURA.
La Alabanza es el 'manto de alegría' de Dios para nosotros. Observe:
"El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová, me ha enviado... a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría (o 'manto de alabanza’, según VM, ASV, RSV, NIV, porque heb. 'tejil-láa’) en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya" (Is. 61:1, 3)
Este 'manto de alabanza' es el manto que Dios nos ha dado para nuestra vestidura espiritual a través de la liberación ordenada por Cristo. "El Señor quiere que portemos ese manto": El no desea que nos cubramos de ceniza ("figura de sufrimiento y tristeza") ni de luto -o manto de cilicio- ("figura de lamento") ni de espíritu angustiado, sino de gloria, gozo y alegría que se traduzca en alabanza para El. 8
El 'manto' era uno de los elementos constitutivos de la vestidura de los hebreos la cual consistía en dos piezas: la túnica, como vestidura interior, y el ya mencionado manto, como vestidura exterior. Ambos combinados le proporcionaban una muda de vestido al hebreo antiguo.
La túnica era fabricada de lino blanco, lo cual representa la santidad del creyente, que también debe ser nuestra vestidura interior (Ap. 3:4; cf. 1 Ped. 3:3-4). Era portada directamente sobre la piel, es decir, mantenía contacto directo con ella, no había nada interpuesto entre la piel y la túnica, nada escondido entre ambas; lo cual nos habla de la pureza y sinceridad que debe existir en el creyente. La misma caía holgadamente sobre
el cuerpo, señal de que la santidad y la pureza deben abundar en nosotros; e iba atada, ceñida al cuerpo, lo que nos habla de la necesidad de estar aferrados a ella para no perderla; pues "sin santidad nadie verá al Señor" (Heb. 12:14). Por su parte el manto estaba compuesto de una tela más gruesa y era la vestidura de encima, como resguardo de la interior. De aquí se desprende que el 'manto de alegría' (que es la Alabanza) nos hace mantener o conservar el "gozo de la salvación" y dar fruto de santificación (Ro. 6:22); y la capacidad resistente de su tejido nos hace pensar en la fortaleza espiritual que encontramos en la Alabanza (cf. Sal. 8:2 vs Mt. 21:16)
Por su constitución textil, el manto también servía de resguardo contra las inclemencias del tiempo (frío, sol quemante, lluvia) y sabemos, tanto por la Escritura como por la experiencia propia, que la Alabanza transforma las circunstancias adversas e inclementes.
Un detalle significativo es que el manto era fácil de quitar, pues iba simplemente atado a los hombros o aun suelto; y nadie negará que el adversario puede fácilmente quitarnos el manto de alabanza si nos descuidamos, y cambiárnoslo por otro, incluso.
Era costumbre antigua tender los mantos en el camino con el propósito de honrar a alguna persona importante que fuera pasando (cf. Mt. 21:8). El propósito de Dios Padre al ungir y enviar a Cristo en su primera misión a esta tierra incluía el que El ordenara que a nosotros se nos despojara del horrible manto del espíritu de angustia y, en su lugar, se nos diera el manto de alegría de la Alabanza para que nunca más estemos angustiados y tristes, a fin de poder permanecer en Su Presencia, donde no se admiten ni tristeza ni lamento, sino "plenitud de gozo" (Sal. 16:11), a la cual se nos exige acercarnos "con regocijo" y ante la cual servir o ministrar "con alegría" (Sal. 100:2). Por tanto, cual Pedro (Jn. 21:7) debemos presentarnos ante el Señor como es debido, como El merece: con la túnica de santidad y el manto de alabanza listos también a tenderlo delante de él y proporcionarle una honrosa alfombra de aclamaciones de 'Hosanna' y Alabanza a nuestro Rey y Señor en medio de la congregación de los santos.
2do. Porque LA ALABANZA NOS HA SIDO DADA PARA NUESTRA PROTECCIÓN
a. La alabanza crea una fortaleza en derredor nuestro.
Para llegar a esta convicción, es necesario hacer una comparación textual entre Sal. 8:2 y Mt. 21:16 auxiliándonos de varias versiones de la Biblia:
| Versión | Salmo 8:2 | Mateo 21:16 |
|---|---|---|
| RVR | Fundaste la fortaleza | Perfeccionaste la alabanza |
| ASV | Estableciste la fuerza | Perfeccionaste la alabanza |
| RSV | Has fundado un baluarte | Has extraído perfecta alabanza |
| VM | Has ordenado la alabanza | Has perfeccionado la alabanza |
| NIV | Has ordenado la alabanza | Has ordenado la alabanza |
Concluimos que, en estas dos citas bíblicas, 'fortaleza' y 'alabanza' parecen ser una misma cosa. (La realidad es que la palabra hebrea usada aquí es 'óoz' que según el Dr. J. Strong, notable lexicógrafo de las Lenguas Sagradas, nos habla de 'fortaleza aplicada a fuerza, seguridad, majestad y alabanza'; pero felizmente Cristo nos señala la acepción adecuada cuando endosa con su cita la decisión de los traductores de la versión LXX). En la RSV, así como en la RVR la Alabanza es identificada con un muro de protección, un parapeto, un cerco que protege del ataque enemigo; es decir, una verdadera fortaleza.
El texto completo reza así: "De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo" (Sal. 8:2)
Ahora bien, ¿quiénes son esos niños y esos lactantes? ¿Es que acaso sólo la alabanza de los niños y lactantes -biológicamente hablando- es capaz de crear un cerco de protección espiritual? Decididamente esta escritura tiene una aplicación directa. Sabemos que esos corazoncitos tan tiernos y esas mentes tan puras son la delicia de Nuestro Padre Celestial, y uno de los patrones que El acostumbra a fijarnos a todos como meta (cf. Mt. 18:3). Y precisamente Cristo la empleó en su sentido directo. Pero no es menos cierto que dicha escritura presenta un alcance mayor y más profundo que la hace muy efectiva a todos los que alaban a Dios. Podemos encontrar una pista atendiendo a las palabras griegas que emplea Mateo: gr. 'neipíoun', (genitivo
plural masculino de néipios jó: un infante, un niño que aún no habla) y gr. 'deilazóntoun' (genitivo plural masculino participio presente activo del verbo deilázou).
Si analizamos el uso de estas mismas dos palabras en el resto del NT podremos aprender algo acerca de quiénes son esos niños y esos lactantes. La primera palabra (el sustantivo) se encuentra empleada también en Lc. 10:21 y 1 Co. 14:20, y el verbo en 1 Ped. 2:2. Veamos:
"...escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños" (Lc. 10:21)
Cristo no se está refiriendo literalmente a niños, a pesar de que Lucas utiliza el mismo sustantivo griego que Mateo. (Aclaramos que existen aún dos términos más para denotar 'niño' en griego, que son empleados en muchas otras partes del NT y que Lucas bien pudo haber usado si le hubiera placido). Es evidente que Cristo está usando el término en un sentido 'figurado'. Él se regocija y alaba al Padre porque ha permitido que aquellos pretendidos sabios y doctos, orgullosos escribas y fariseos que sólo buscaban su propia gloria y satisfacción, y que de ninguna manera iban a estar dispuestos a obedecer el mensaje de Gracia y Poder, no lo pudieran ni siquiera entender, a fin de que la Palabra de Dios no volviera a El vacía; en cambio sí había dado sabiduría y discernimiento espiritual a aquellos pobres, humildes, que reconocían su necesidad espiritual y que tenían un corazón dispuesto a obedecer el Evangelio que El predicaba. Él está haciendo una comparación entre los autosuficientes doctores de la Ley y los pobres indoctos discípulos que le seguían, amaban y obedecían. Por tanto, en esta ocasión, la palabra 'niños' se refiere a 'aquellos que no confían en su saber, que están dispuestos a aprender y que son humildes' (cf. Mt. 18:3-4)
"Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia" (1 Co. 14:20)
Aquí 'niños' se refiere a 'los que no tienen malicia', 'los que no hablan con doble sentido'.
"Desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada..." (1 Ped. 2:2)
En esta ocasión se refiere a 'los que desean tan sólo la sana doctrina y se alimentan de la Palabra de Dios solamente', a diferencia de los aludidos en 1 Ti. 4:1 que apostatan de la fe "escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios" y que, según 2 Ti. 4:2-3 no sufren (no soportan) la sana doctrina, "sino que, teniendo comezón de oír, se amonto(nan) maestros conforme a sus propias concupiscencias, (apartando) de la verdad el oído".
Concluyendo: A los que no se apoyan en (ni hacen alarde de) la sabiduría de este mundo, sino que son humildes y se someten al Reino de Dios; a los que no son entendidos en la maldad de este mundo; a los que desean con ansias (con apetito) el alimento espiritual puro, que aman el alimentarse de las Verdades de Dios reveladas en Su Palabra... a éstos Dios les ha dado la Alabanza como fortaleza. O, dicho de otra manera: 'la Alabanza que sale de un corazón humilde, puro y fiel es capaz de crear un muro de protección, una fortaleza en derredor del que la ofrece para su propia protección espiritual'. El propio Señor lo ha "establecido" así como un medio de defendernos de nuestros enemigos. (Note Sal. 8:2f "...a causa de tus enemigos..."). Notemos algo más:
1ro. El "ha establecido" (ASV) que nuestra torre fuerte, fortaleza, castillo, parapeto sea la Alabanza.
2do. El "ha ordenado" (VM, NIV) que le alabemos en medio de nuestras luchas espirituales (conflictos, batallas) con el objetivo precisamente de que nos proporcionemos un parapeto detrás del cual protegernos, un cerco dentro del cual estar a salvo, una torre sobre la cual mantenernos fuera del alcance de nuestros enemigos (cf. Pr. 18:10; Ef. 6:12)
David, el dulce cantor de Israel, conocía bien este secreto y había experimentado la protección divina por medio de la Alabanza, según él mismo testifica:
"Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con (por medio de) cánticos de liberación me rodearás... Tú, Jehová, eres escudo alrededor de mi... Jehová es la fortaleza de mi vida... mi fortaleza y mi escudo... fortaleza mía... roca mía y castillo mío... mi escudo, mi alto refugio..." (Sal. 32:7; 3:3; 27:1; 28:7; 18:1-2)
b. La Alabanza prepara el camino de nuestra liberación.
"El que sacrifica alabanza me honrará, y el que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios" (Sal. 50:23) cf. también VM
"Salvación" equivale a 'liberación': del pecado y de todo lo que viene en nuestra contra". Quiere esto decir que en la Alabanza alcanzamos liberación, además de protección.
Otras versiones de la Biblia nos facilitan una posible variante de traducción al margen, que nos ayuda a aclarar aún más el sentido del texto:
"El que me sacrifica alabanza... (ASV). me glorifica y prepara un camino para que yo pueda mostrarle la salvación de Dios". (NIV). me honra, y prepara el camino de modo que yo pueda mostrarle la salvación de Dios"
lo que nos indica que la Alabanza -según RVR y VM- se convierte en un canal a través del cual Dios nos hace llegar Su liberación; o también el camino, la vía por donde nos llega la liberación; o aún más: 'es la senda, la alfombra por sobre la cual el Señor puede transitar para venir en nuestra ayuda' (cf. Mt. 21:8)
1ro. En el primero de los dos ejemplos bíblicos expuestos, el principio espiritual que propugna Sal. 50:23 parece a todas luces cumplido por medio de la Alabanza (2 Cr. 20:22; heb. 'tejil-láa').
2do. En el segundo ejemplo bíblico, no es posible negar en la práctica la presencia de Alabanza en la invocación de Jonás (cap. 2):
a) cf. v.2: “...él me oyó... mi voz oíste", pone de relieve la fidelidad, bondad y amor de Dios.
b) cf. v.6: "Mas tú sacaste mi vida de la sepultura", reconoce el poder salvífico, la fidelidad y el amor de Dios; pone de manifiesto con ello que Dios no es rencoroso, que Él es compasivo, misericordioso y perdonador.
c) cf. v.8: "Su misericordia abandonan”, claramente anuncia que Dios es misericordioso.
d) cf. v.9: "La salvación es de Jehová", proclama que sólo Dios puede salvar. (¿Queremos una expresión de alabanza más clara que ésta?).
3ro. En Sal. 68:4 hallamos un paralelo con 50:23 que sin lugar a dudas hace responsable a la Alabanza del cumplimiento del principio espiritual que venimos refiriendo. Observe:
"Cantad a Dios, cantad salmos (o alabanzas, según VM, ASV, RSV, NIV) a su nombre"; (ASV, RSVmg) "Levanten una carretera para quien cabalga a través de los desiertos" (NIVmg) "Preparen el camino para quien cabalga a través de los desiertos" (VM) "Preparad el camino para aquel que marcha triunfante por los desiertos"
4to. Algo que no se había dicho es que en la Acción de Gracias (que es la traducción que verdaderamente corresponde al término hebreo que aparece en Sal. 50:23) hay Alabanza implícita; o sea que la Acción de Gracias lleva implícita la Alabanza, por la sencilla razón de que la Acción de Gracias a Dios implica entre otras cosas el reconocimiento por parte nuestra de Su favor insustituible, grande, inmerecido (esto señala a Su bondad) y nuestra dependencia o necesidad de El (lo que sugiere que Él es necesario y superior a nosotros). De aquí que Sal. 69:30 señale que la Acción de Gracias glorifica (NIV), magnifica (ASV, RSV), exalta (RVR) al Señor:
"Lo exaltaré con (toodáa) acción de gracias" (cf. ASV, RSV, NIV)
A este tipo especial de Alabanza pudiéramos llamarle 'Alabanza de Gratitud Anticipada'. Conlleva una actitud de fe por parte del que la ofrece; es una Alabanza que encierra fe, pues exalta a Dios no sólo por lo que ha recibido, sino por lo que espera (o firmemente cree) recibir, a la vez que le da gracias antes de llegar la respuesta, bendición o liberación que necesita.
5to. La discrepancia de los traductores nos anima después de todo.
En el cap. 20 del segundo libro de las Crónicas, los primeros treinta versículos nos narran el momento crucial cuando Judá, el Reino del Sur, fue estremecido por la noticia de la sorpresiva aproximación de los ejércitos de cuatro reinos o naciones vecinas (Moab, Amón, Siria y Edom) con la clara intención de invadirlo. Se nos dice que el propio rey Josafat se llenó de temor, pero como era un siervo de Dios, humilló su rostro para solicitar la ayuda de Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. En este proceso, él levantó una oración pública a la cual haremos bien en atender; pues contiene aspectos de mucho interés e importancia para nosotros:
Primeramente, él comienza con "adoración a Dios (en el sentido inclusivo del término) y reconocimiento de Su poder" (cf. vv. 6-7a). Seguidamente "llama la atención a las promesas hechas por El a Su pueblo" (vv. 7b-9). Luego "expone el problema que afronta" (vv. 10-11) y finaliza "confesando que no sabe qué hacer y pidiendo la ayuda divina" (v. 12). 8
Realmente debemos reconocer que la oración de Josafat constituye un adecuado patrón a seguir en circunstancias semejantes. La respuesta no se hizo esperar (vv. 15-17): Él se encargaría de pelear por ellos y ellos debían tan sólo estar quietos y ver la salvación de Jehová. Ante esta tremenda respuesta del Señor, y en virtud de la inconmovible fe que Josafat y todo Judá supieron desplegar sobre aquella 'Palabra', a partir de aquel mismo momento ellos cambiaron su semblante y comenzaron a 'alabar' con fuerte y alta voz al Señor. Esta 'alabanza de gratitud anticipada' comenzó desde su inicio a preparar el camino para la liberación divina que estaba por venir. Notemos que la misma fue motivada por la confianza en que Jehová cumpliría lo que había prometido, pues el rey "exhortó al pueblo (v. 20) a creer en la palabra de Jehová" y "lo alentó" (v. 21) a alabarle por la liberación prometida "tan jubilosamente como si ya la hubieran recibido".9
Es este tipo de Alabanza, precisamente, el que a nuestra opinión parece implícito en el uso del término hebreo 'toodáa' en el caso específico de Sal. 50:23. Dice el Señor que el que le ofrece este tipo de Alabanza "le honrará"; i.e. es una actitud que honra a Dios: está diciendo con ello que Dios es digno de toda confianza, que Él cumple siempre lo que promete, etc. Decididamente, ellos -conscientes o no- estaban preparando el camino por el cual el Señor vendría a liberarlos. Las Sagradas Escrituras nos hacen entender que el camino por el cual Su Majestad ha de transitar debe estar previamente preparado, y es evidente que uno de los elementos que constituye dicha preparación es, precisamente, la Alabanza, que adorna Su senda de gloria, honra y magnificencia. Observe:
"He aquí yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí. "Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. "Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane, y (entonces) se manifestará la gloria de JAH” "Alabanza y magnificencia delante de El... regocíjese el campo y todo lo que en él está... delante de Jehová que (viene RSV, NIV); porque (viene ídem) a juzgar la tierra (en favor de los suyos). Los ríos batan las manos, los montes todos hagan regocijo delante de Jehová, porque (viene ídem) a juzgar la tierra" (i.e. a dar la final liberación) (Mal. 3:1; Is. 40:4-5; Sal. 96:12, 13; 98:8-9).
Esta y no otra es la razón por la cual "cuando comenzaron a entonar cánticos de alabanza" (v. 22) llegó hasta ellos la liberación divina: ellos prepararon el camino y Dios les mostró Su salvación.
Observe que el v. 24 nos habla de una liberación completa, y el v. 25 (donde la versión LXX añade con convincente evidencia textual "(y) muchas bestias") nos habla de una liberación perfecta. La liberación que Dios da, siempre será completa y perfecta. Pero es importante prestar atención al debido orden de los sucesos:
1ro. Alabanza... 2do. Liberación... 3ro. Bendición (material -v. 25- y espiritual -v. 27-) Observe además que la liberación divina se tradujo en pavor de Dios para los enemigos de Su pueblo y paz de sus enemigos para Su pueblo.
La experiencia de Jonás también nos confirma que la Alabanza prepara el camino de nuestra liberación. La situación en la que se encontró, según él mismo nos narra, es realmente desesperante; y todo porque hizo caso omiso al mandato del Señor. La Biblia dice que Jonás 'descendió': descendió a Jope, descendió (ASV) a la nave, descendió a la bodega del barco y... "tanto descendió que descendió a las profundidades del mar, porque cuando alguien está en desobediencia a Dios, su vida va en descenso (para abajo... para abajo...). Uno está descendiendo desde el mismo momento en que decide des-oír la Palabra del Señor".10
Jonás se encontró en peligro de morir ahogado o devorado, rodeado de una horrenda oscuridad, sacudido por la corriente marina, incapaz de salir a flote (vv. 3f, 5a) y de pronto, engullido por las enormes fauces de un monstruo marino, dentro del cual su cabeza fue enredada en el alga, creyendo ya que la tierra había echado sus cerrojos sobre él para siempre y que Dios le había desechado. ¡Terrible situación! A pesar de todo, él supo clamar a Dios y, durante los primeros 8 vv. de su 2do. capítulo, da muestras de su fe. Pero notemos algo muy significativo: a pesar de que, luego de supuestamente haber arreglado sus relaciones con el Señor en confesión, arrepentimiento y voto de obediencia él comenzó a hablar en fe (vv. 4b, 6f) a lo largo de los 8 primeros versículos, 'aparentemente' no le dio ningún resultado. Sin embargo, cuando se decide a ofrecer la Alabanza de Gratitud Anticipada (heb. 'toodáa' ídem a Sal. 50:23) como sacrificio al Señor (v. 9) (y,
decididamente, tuvo que haberla ofrecido), la liberación divina no se hizo esperar (v. 10). O sea, ya su declaración en fe había promovido el trono de Dios; pero todavía le faltaba preparar el camino para su liberación.
3ro. Porque LA ALABANZA NOS HA SIDO DADA PARA NUESTRA SUPREMA BENDICIÓN
La mayor bendición que toda persona puede recibir es la de poder participar de la Presencia de Dios (cf. Sal. 15:1). Por consiguiente, la 'exclusión de Su presencia' sería el más sentido castigo para nosotros (cf. Sal. 51:11); ésa precisamente fue la suerte de Caín (Gen. 4:13-14); fue también ésa la condición en que Cristo nos encontró (Ef. 4:18) y de la cual nos eximió (Ef. 2:12-22) y, casuísticamente, constituirá el elemento más torturante del castigo eterno de las almas perdidas (cf. 2 Tes. 1:9).
Mas, ahora que nosotros hemos sido librados del pecado y hechos "justicia de Dios en Cristo", no sólo tenemos acceso a la Presencia del Padre por un mismo Espíritu, sino que hemos recibido la capacidad de 'atraer Su Presencia hasta y hacia nosotros y es la Alabanza, precisamente, el modo de atraer la Presencia de Dios.
Hablando en sentido 'figurado' (como la Biblia acostumbra a hacer), la Alabanza mueve las ruedas del Trono de Dios y lo traslada hasta nosotros. Pudiéramos por tanto decir que, en virtud de la Alabanza, podemos localizar a Dios y participar de Su Presencia; pues la Alabanza, según la Escritura, es uno de los siete lugares o estados que Dios 'habita'. Observe:
"Pero tú eres santo, (tú) que habitas (entre) las alabanzas de Israel" (Sal. 22:3)
Lo que está encerrado en paréntesis no aparece en las Escrituras Hebreas, sino que ha sido añadido por los traductores (no todos) persiguiendo una "mejor" (??) Comprensión del texto. En esta cita hay un elemento que puede hacerla parecer, a vista del lector, inadecuada para su actual aplicación a nosotros; a saber, el protagonista del culto: Israel. Este 'supuesto inconveniente' ha llevado a algunos a asumir una posición escéptica en cuanto al uso del AT para 'apoyar' nuestra doctrina cristiana. Sin embargo, "el NT nunca presupone una brecha entre el AT y el NT; más bien enfatiza la gran importancia del AT para los creyentes, recalca la importancia de escudriñar las Escrituras (del AT) y discernir las señales de los tiempos. No son las varias filosofías del hombre, ni las tradiciones y religiones paganas, sino es la revelación de Dios en el AT lo que señala el camino a Cristo. Los autores del NT están empapados en
las Escrituras del AT y dan por sentado la misma cosmovisión, la creencia en el Dios único que creó todo y es señor de la historia, la misma perspectiva del hombre creado en la imagen de Dios, pero alienado de Él, los ángeles, los milagros, la revelación de Dios al hombre, la ira y la misericordia de Dios, la redención, la profecía y el reino de Dios. De modo que el AT contiene muchas enseñanzas importantes para el cristiano que no se repiten explícitamente en el NT...".11
No obstante tan acertada, satisfactoria y conclusiva contribución, queremos añadir que la intervención de Israel en una actividad tan básica, vigente y esencial en la vida de la Iglesia Cristiana como lo es 'la Alabanza', no constituye, en lo más mínimo, inconveniente alguno; máxime cuando el propio NT enseña que nosotros, los que hemos creído en Jesucristo, somos el Israel espiritual; presentando como irrebatible argumento que 'Abraham, el padre de la nación hebrea, es también nuestro padre a causa de la fe (Ro. 4:16; Gal. 3:7; cf. Gen. 22:17 donde aparecen representadas las dos simientes de Abraham: la espiritual y la natural) y que nuestra incircuncisión física es tenida por circuncisión al cumplir la Ley de Dios (Ro. 2:26; 13:8-10; Gal. 5:6-14) por cuanto la circuncisión que vale ahora delante de Dios es la del corazón, en espíritu (Ro. 2:28-29; Gal. 5:6) y por lo tanto nosotros somos la circuncisión' (Flp. 3:3; Col. 2:11).
Pero volvamos sobre el texto en consideración, a la luz de otras versiones:
"...Tú que eres entronizado sobre (i.e. en ocasión de) las alabanzas de Israel".
es una variante de traducción que la ASV sugiere al margen; pero ya en la RSV dicha variante es incorporada al texto y reza de la siguiente manera:
"Sin embargo tú eres santo, entronizado sobre las alabanzas de Israel"
(Esto es posible por cuanto la forma verbal traducida comúnmente aquí 'por extensión' "que habitas", corresponde a la conjugación del verbo hebreo 'yaasháv' para el singular masculino del presente de ambas voces, cuyo significado literal es "sentar(se)").
De esta versión literal de Sal. 22:3 podemos inferir que Dios emplaza Su Trono en el lugar donde está Su pueblo alabándole, lo cual no contraviene la concepción bíblica, pues, en el simbolismo de las Escrituras, el Trono de Dios puede ser trasladado. Es cierto que se nos dice que Su Trono está establecido en el Cielo (Sal. 103:19 y 11:4); pero no es menos cierto que Isaías lo vio en el Templo de Salomón (Is. 6:1), Ezequiel junto al río Quebar y en el Templo (Ez. 1:3; 10:1-22) y Daniel vio también el Trono de Dios: lo vio en el Cielo, pero lo vio 'con ruedas' (Dan. 7:9). Ezequiel también tuvo la oportunidad de ver esas cuatro ruedas (Ez. 1:4-28). A nadie se le debe ocurrir pensar que el Trono de Dios tiene realmente cuatro ruedas, pues ello es sólo un modo de simbolizar el movimiento, la capacidad de traslación del mismo y, por tanto, nos está diciendo que la Presencia de Dios pueda cambiar de lugar.
Fue precisamente eso lo que Dios Mismo parece haber querido dejar bien esclarecido cuando, al consentir en la dedicación de una Casa para El por iniciativa de David, concibió El Mismo el proyecto, como lo hizo con el Tabernáculo (Heb. 8:5) y le "hizo entender a David todas las obras del diseño" (1 Cr. 28:19, 11-12); pues el v. 18 nos informa que David donó generosamente "oro puro en peso para el altar del incienso, y para el carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová" (1 Cr. 28:18): Mientras el pueblo de Israel anduvo peregrinando por el desierto, para ellos no constituyó un tropiezo pensar que la Presencia de Dios y, en específico, Su Trono (representado por el Arca, Arca del Pacto o Asiento (KJV, RSV) de Misericordia) se movía, podía ser trasladado y, por consiguiente, no estaba estático o fijo en un determinado lugar, ya que sus sacerdotes acostumbraban a portar el Arca sobre sus hombros, a fin de trasladarlo hasta el nuevo lugar donde se había detenido "la nube de gloria". Pero llegado el momento en que el Arca del Pacto habría de permanecer estático en el santuario del Templo, surgió el peligro de que aquel pueblo llegara equivocadamente a creer que, por la misma razón, la Presencia de Dios habría también de permanecer inmóvil; existía la posibilidad de que aquella nación se creyera 'dueña' de Su Presencia y que, mientras conservaran el Arca entre ellos, la Presencia de Dios no podría ausentarse o abandonarles, no importa cuán lejos estuviesen de cumplimentar las exigencias divinas. Es entonces que Dios diseña 'un carro' (aditamento con ruedas (??) o pieza movediza) para los nuevos querubines que
protegerían el Arca y entre los cuales 'moraba' (Sal. 80:1) -cosa que no hizo cuando el Tabernáculo- con vistas a asegurarle a Israel que El no permanecería estático, sino que podría ausentarse o alejarse, abandonándoles. (No obstante, la historia subsecuente nos demuestra que siempre hubo quienes pensaron lo contrario (Jer. 7:4), pues "la gente llegó a tener una fe supersticiosa en el Templo, creyendo que, a causa de la Presencia de Dios en él, Jerusalén no podría ser destruida, presumiendo que Dios jamás permitiría que los babilonios profanasen Su lugar de Reposo"10 no sabiendo que ya Dios le había mostrado a Ezequiel, días antes, Su abandono definitivo del Santuario (Ez. 10:4, 18-19).
Ahora bien, volviendo a las 'ruedas', el profeta Ezequiel nos describe que "el espíritu de los seres vivientes (que luego identifica como querubines en 10:20) estaba en las ruedas" (1:20f, 21f). Esta expresión admite ser interpretada al menos en dos sentidos a la vez: primero, 'que las ruedas forman parte integral de los querubines; es decir, que los querubines son los que producen el movimiento de traslación del Trono de Dios o, en otras palabras, que los querubines son las ruedas y que las ruedas son los querubines': note que Daniel no vio querubines debajo del Trono, sino sólo "ruedas de fuego ardiente" (7:9), en lo cual no hay contradicción si recordamos que Dios "hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego" (Heb. 1:7). Segundo, que el mismo ánimo, deseo, propósito de los querubines estaba en las ruedas. Para comprender este segundo sentido, necesitamos averiguar cuál es el ánimo, deseo o propósito de los querubines, y la manera viable para ello es observando sus funciones:
Las Escrituras nos dan a conocer cinco funciones de los querubines, que trataremos brevemente:
1. Protección (simbolizada por sus alas extendidas).
a) De la presencia de Dios (Ex. 25:19-20; 1 Rey. 6:24 ef. Sal. 80:1).
b) De todo lo que Dios quiere guardar (Gen. 3:24; Ez. 28:14 cf. 2 Cr. 5:7).
2. Sostén del Trono de Dios (Sal. 99:1 vs Ex. 17:16; Ez. 9:3; 10:4).
3. Traslado del Trono de Dios (2 Sam. 22:11; Sal. 18:10; 104:3f vs Heb. 1:7; Ez. 10:18, 19).
4. Adoración reverente (simb. por sus rostros inclinados, Ex. 25:20; 37:9).
5. ALABANZA (queremos abundar un tanto sobre esta última):
En el decorado interior, tanto del Templo Salomónico como del Futuro Templo que vio el profeta Ezequiel, los querubines aparecen estrechamente relacionados con las 'palmeras' (Cf. Ez. 41:18-20, 25; 1 Rey. 6:29, 32, 35). En la Biblia, la palmera aparece como símbolo de la 'alabanza por la victoria' (o triunfo) (cf. Jn. 12:13; Ap. 7:9-17), en virtud de que la misma está relacionada con el descanso retribuido al que ha vencido una meta (Ex. 15:27) o una determinada circunstancia difícil y adversa (Ap. 7:9-17) y porque la palmera logra crecer en climas cálidos y secos y suelo arenoso, haciendo penetrar sus raíces hasta donde están las aguas subterráneas, lo cual es un elocuente cuadro del creyente que se mantiene fresco y lozano, lleno de la vida de Dios y, por ende, victorioso sobre sus circunstancias por medio de la 'alabanza' (cf. Sal. 92:12; 1:3; Is. 12:3).
La combinación de la 'alabanza celestial' con la 'alabanza terrenal' está representada en esta combinación de querubines y palmeras. Recordamos que en el Tabernáculo sólo aparecían querubines, y no querubines y palmeras como en el Templo: esto es debido a que no fue sino hasta el tiempo de David que la 'alabanza terrenal' vino a ser incorporada oficialmente al culto a Jehová y unida así a la 'alabanza celestial' delante de Su Presencia (1 Cr. 16:4-6; 41-43).
Por tanto, concluimos que 'el espíritu (o propósito) de los querubines' es, en primer lugar, exaltar la dignidad de Dios (con su servicio de protección y sostén) y, en segundo lugar, proporcionarle un ambiente agradable de reverencia y alabanza (Ez. 3:12) en todo lugar en que Su Presencia se encuentre, así como es en el Cielo (Ap. 4:8b-10).
En ninguna otra parte de la Escritura está tan claramente ejemplificada esta verdad como en el libro del profeta Ezequiel: en ocasión de narrarnos el trascendental momento en que la Presencia de Dios abandona el Templo en Jerusalén, él nota que Dios comienza a dar muestras de que aquél no era ya lugar agradable para El (10:4; cf. 8:6). Ya con anterioridad (cap. 8) el Señor le había mostrado al atónito profeta cómo otros dioses habían recibido lugar y estaban siendo adorados dentro de aquella Casa (imagen erigida v. 5; pinturas iconográficas abominables v. 10; culto a Tamuz v. 14; adoración del sol v. 16) de modo que en ella no existía ya la debida reverencia para El y la alabanza que se oía en sus recintos ya no era Suya, razón por la cual los querubines se dispusieron inmediatamente a alejar a Dios de aquel abominable lugar (10:15, 18-19).
La praxis entonces de todo este conocimiento consistirá en tomar el cuidado siempre de preparar un ambiente de 'reverencia y alabanza' en la congregación de los santos, de modo que las 'ruedas' del Trono de Dios se muevan en dirección del lugar donde nos encontremos reunidos en Su Nombre, a fin de que podamos participar de Su Presencia.
DEFINICIÓN CONCRETA DE LA ALABANZA
Es muy importante que tengamos una idea correcta de lo que es 'alabar a Dios', pues bien pudiéramos estar haciendo cualquier otra cosa menos 'alabándole' cuando nos creemos en función de tal ejercicio espiritual. No han sido pocas las ocasiones en que hemos presenciado la demanda profética del Espíritu Santo de ofrecer alabanzas al Señor durante los momentos en que, precisamente, la congregación de los santos ha estado 'supuestamente' alabándole; ante lo cual algunos se han sentido un tanto confundidos y, seguros de que no han estado haciendo otra cosa que la demandada, no han vacilado en poner en tela de juicio la confiabilidad de dicha voz profética.
Para poder definir claramente 'qué es Alabanza' debemos haber definido previamente 'qué no es Alabanza': Alabanza no es 'bendición', ni 'acción de gracias' ni 'adoración', a pesar de que hemos aprendido a mezclar todo ello en nuestros ofrecimientos de alabanza (¿?). "Tanto la una como las otras son actividades espirituales bien distintas y excluyentes entre sí en sus respectivos momentos: mezclarlas sería como unir la sopa, el arroz con pollo, el batido de zapote y el café en un mismo recipiente y ponerlo delante de un huésped especial; usarlas indistintamente sería como dar los buenos días cuando lo que la ocasión requiere es dar las gracias".11
La Escritura conserva bien la distinción entre estos ejercicios espirituales mencionados, como es el caso de Sal. 100:4 donde nos exige que entremos "por (las) puertas (de la Casa de Dios) con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre" -sigue diciendo. O como el del Sal. 95:2, 6: "lleguemos ante su presencia con alabanza... Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor".
Suponiendo que el 'paralelismo sinónimo' de la poesía hebrea provocara cierta probabilidad de indistinción entre estos términos, sería prudente apoyarnos en la prosa: "...hijo de Asaf, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la oración" (Neh. 11:17; cf. Dan. 2:23 como distinción entre 'alabanza' y 'acción de gracias') "...y estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo a Dios" (Lc. 24:53; cf. Neh. 9:5 como distinción entre 'alabanza' y 'bendición'), etc.
"Con frecuencia nos sorprendemos insinuando estar alabándole, pero en la realidad no lo estamos haciendo y pecamos por omisión (como cuando le decimos: "te alabo, Señor; mi alma te alaba"; y no hemos precedido o sucedido esas afirmaciones con verdaderas expresiones de alabanza). Muchas otras veces nos sorprendemos inconscientemente exhortando a otros que le alaben, pero nosotros mismos no lo estamos haciendo, aunque creemos lo contrario (como es el clásico caso de la palabra 'Aleluya' que acostumbramos a usar para nosotros "alabar" ¿?, no sabiendo que la misma es una palabra hebrea que significa 'Alabad (o Alaben) a Jehová' -heb. 'jálel-uu-yáaj'- de manera que cuando la usamos estamos realmente apremiando a otros a que alaben al Señor, pero nosotros mismos, muy contrario a lo que creemos, no lo estamos haciendo). También sucede que, cuando se nos exhorta desde la plataforma a rendirle una alabanza a nuestro Dios, comenzamos a decir: "gracias, Señor..." ..."gloria a Tu Nombre" ..."bendito Tu Nombre para siempre", sin entender que con frases como la primera, lo que estamos realmente haciendo es dando acciones de gracias y no alabanzas; y con frases como las dos últimas, lo que estamos haciendo realmente es bendiciéndole y no alabándole"11. Todas estas expresiones citadas son legítimas del culto que debemos rendir a nuestro Dios; son preciosas a Sus oídos; pero no constituyen 'Alabanza'; y es por eso que, con mucha frecuencia, luego de haberlas pronunciado de todo corazón en Su Presencia, Él nos pide aún que Le alabemos.
Luego entonces, ¿qué es Alabanza?
Alabanza es 'exaltación, reconocimiento, elogio'. Alabamos a alguien cuando celebramos sus virtudes y/o hechos, en presencia suya o de otros; o cuando le recomendamos o hablamos bien de esa persona en su ausencia.
"El esposo alaba a la esposa cuando le dice; "eres la mujer más inteligente que he conocido" (exaltación). El hijo alaba a su madre cuando expresa: "mujer hay muchas; madre hay una sola" (reconocimiento). El huésped cauto alaba a su anfitriona cuando señala: "¡qué comida tan exquisita!" (elogio)".12
Cuando de Alabar a Dios se trata, no podemos evitar que aflore en nuestra mente el recuerdo de David, 'el dulce cantor de Israel': todos concuerdan en que "en la esfera del canto y el ritual del templo, David tiene una autoridad igual a la de Moisés en la esfera de la ley"13. Dicho en otras palabras: así como Moisés es considerado la autoridad en la esfera de la Ley, de la misma manera David es tenido como la autoridad en la esfera de la Alabanza. Es David quien realmente nos ha legado toda la debida instrucción concerniente a este hermoso 'ministerio' y quien nos ha enseñado a alabar a Dios. A él debemos el descubrimiento de ese maravilloso mundo de Vida Abundante donde podemos contemplar al Señor tal cual ES, en Su verdadera dimensión, situados a una altura que sobrepasa ampliamente las dificultades y nos mantiene fuera del alcance de nuestros enemigos.
David es el representante oficial de la Alabanza; allí estuvo junto a Moisés y Elías -pudiéramos decir- en el Monte de la Transfiguración: estuvo en Cristo, su bendita 'raíz' (Ap. 5:5) y, ante los desorbitados ojos de aquellos tres discípulos aparecieron personificados LA LEY, LOS PROFETAS Y LOS SALMOS (heb. 'tejil- líim': alabanzas entonadas) cf. Lc. 24:44.
Por tanto, debemos prestar suma atención a David si queremos llegar a saber cómo se alaba a Dios. Notemos algunas de sus expresiones de alabanza:
"... ¿quién es Dios sino sólo Jehová, y qué roca hay fuera de nuestro Dios?" (exaltación; Sal. 18:31)
"Abres tu mano y colmas de bendición a todo ser viviente"(reconocimiento; Sal. 145:16)
"...formidables, maravillosas son tus obras” (elogio; Sal. 139:14)
"Gustad y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él" (recomendación; Sal. 34:8)
A manera de sugerencia: ejemplos como los citados pueden servir de modelo o patrón para elaborar expresiones de Alabanza de estilo propio. No obstante, es muy recomendable señalar las que encontremos en nuestras Biblias y aprenderlas de memoria con el propósito de repetir esas expresiones bíblicas de indiscutible 'unción' como si fueran nuestras en Su Presencia.
3. BENDICIÓN
En la Biblia encontramos varias actividades a realizar en el Culto que se debe rendir a Dios, como, por ejemplo: cantar a Dios (Sal. 47:6; 147:7), batir las manos (Sal. 47:1), dar acción de gracias (Sal. 100:4), alabarle (Sal. 150:1), adorarle (Sal. 29:2), bendecirle (Sal. 68:26; 66:8; 100:4; 134:1).
Todos estamos familiarizados con la idea de que Dios es quien debe bendecirnos a nosotros; esto es fácil aceptarlo: ciertamente la bendición de Dios es de suma importancia y el hombre debe luchar por alcanzarla y conservarla (Pr. 10:22; cf. Gen. 32:26) (a la vez que debe evitar la maldición de Dios, que es algo terrible: cf. Sal. 37:22); pero no todos parecen familiarizados con la idea de que nosotros, a nuestra vez, debemos bendecir a Dios. Al menos, sin embargo, debe ser obvio para todos que el hombre 'puede' también maldecir y bendecir en virtud de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.
La Biblia consigna una gran importancia a la 'expresión verbal' (cf. Pr. 11:9; 12:14, 18; 15:4; 18:20-21; Mt. 12:37; Mr. 11:23; Ro. 10:8-10; Stg. 3:5-6, 9-10) y le atribuye poder para bien y para mal: podemos usarla para proferir palabras vanas, rebeldes y blasfemas (Cf. Is. 3:8; Mt. 12:36; Ap. 13:5-6) o alabar a Dios y proclamar Su Palabra (cf. Sal. 35:28; 51:14; 2 Sam. 23:2); para hablar palabras inicuas y engañosas (Job 27:4; Sal. 34:13; 50:19) o expresar palabras de justicia y verdad (Job 33:1-3; Sal. 37:30); para proferir maldición contra
Dios y contra los que están hechos a Su semejanza (cf. Lev. 24:15; 1 Co. 4:12; Jer. 15:10; Stg. 3:9) o bendecir a ambos.
Es innegable que tenemos poder para maldecir (cf. 2 Rey. 2:24; Mt. 21:19), de lo contrario, el NT no se hubiera preocupado tanto por exhortarnos a no maldecir a nuestros semejantes (cf. Ro. 12:14; 1 Ped. 3:9) y por señalarnos el ejemplo que Cristo nos dejó en este sentido también (1 Ped. 2:21-23). Pablo creía en el poder de la maldición (cf. Hch. 23:5) así como Jeremías y David, entre otros (cf. Jer. 18:21-23; Sal. 109:6-20). La razón por la cual no debemos maldecir a nuestros semejantes también la hallamos en el NT: ya Cristo pagó nuestra maldición (Gal. 3:13), somos herederos de bendición (1 Ped. 3:9), no debe ser (Stg. 3:9-10). Es reconfortable saber que la bendición de Dios protege el justo contra la maldición de los impíos (cf. Job 5:21; Sal. 31:20; 109:28; 5:12; cf. Gen. 12:3 vs. Gal. 3:14).
Lamentablemente, el hombre también puede dirigir sus maldiciones contra Dios (cf. Lev. 24:15; Job 2:9; Is. 8:21).
Por otro lado, la Biblia nos permite creer que tenemos poder también para bendecir (cf. Mt. 5:44; Ro. 12:14; vea Dt. 27:12); tanto a nuestros semejantes (cf. Sal. 118:26b; 129:8; Mr. 10:16; Gen. 27:33; 1 Cr. 18:10) como a Dios.
Bendecir a Dios constituye un mandamiento tanto en el Cielo (Sal. 103:2-22) como en la Tierra (colectivo: Sal. 66:8; 68:26; 96:2; 100:4; e individual: Sal. 103:1) y una práctica bíblica manifestada también de forma individual (cf. Dt. 8:10; Sal. 16:7; 34:1; 145:1-2) y colectiva (cf. Sal. 115:18; Lc. 24:53).
Ahora bien, ¿qué significa bendecir a Dios? Será mejor comenzar por saber qué no significa:
Bendecir a Dios no es darle gracias, aunque la acción de bendecir a Dios es motivada por el deseo de "recompensar" (??) al Señor por Su bondad y favor hacia nosotros y, por ende, surge de un corazón agradecido (cf. 1 Co. 14:16-17; Lc. 2:29; Dan. 2:19-23); pero esto último también se puede decir de la Alabanza y la Adoración (cf. 1 Cr. 29:10; 17:16-24). Bendecir a Dios tampoco es alabarle: la Alabanza pone de relieve lo que Dios ya es, ha hecho y tiene; mientras que la bendición apunta a lo que queremos "añadirle" (??) a lo que Él ya es, ha hecho y tiene (cf. 1 Cr. 29:10-14; Dan. 2:19-23) (Note nuevamente la identidad individual de estas tres actividades espirituales en Sal. 100:4; Ap. 7:12 y Lc. 24:53).
Entonces, ¿qué es bendecir a Dios? Pareciera como si al bendecir a Dios se tratara de 'añadir aún más' a lo que Él ya es y tiene; pero ¡eso es imposible!: Él lo es todo y lo tiene todo. Por otro lado, hay un elemento divino, presente en toda expresión de bendición (y también de maldición) bíblica: nos referimos a la 'fe' (cf. Ef. 2:8; Ro. 10:17). "¿Qué es la fe? Es la firme seguridad de que algo que queremos va a suceder..." (Heb. 11:1; V. Living Bible). Notemos ahora lo que nos dice la Escritura más adelante:
"Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras" (Heb. 11:20) cf. además v. 21
Cuando analizamos esta bendición a que alude aquí el escritor a los Hebreos, la cual aparece registrada en Gen. 27:28-29, 39-40, pareciera ser no más que 'un simple deseo' o, para mejorar la frase, 'un simple buen deseo' de un padre, emocionado por el presentimiento de la cercanía de su muerte, hacia sus hijos; sin más trascendencia que la satisfacción que para ambos significó aquel momento; si no fuera porque la historia posterior denuncia su fiel cumplimiento en la vida de ambos hijos, determinada de forma misteriosa por aquella bendición paternal.
Sin embargo, la realidad es que aquel 'simple deseo' iba acompañado de fe (cf. Heb. 11:20), factor el cual le imprimió el 'poder' para hacerse realidad; es decir, la fe convirtió el deseo en 'una bendición' (cf. Mr. 11:21-23). De manera que, al comparar Gen. 27:28-29, 39-40 con Heb. 11:20, encontramos 'la expresión verbal del deseo profundo de Isaac de que su hijo reciba todo (en el caso del supuesto primogénito) lo que necesita recibir de Dios, hecho realidad mediante la fe'. Aplicando en principio esta conclusión, surge el concepto:
'Bendecir a Dios es declarar en fe el deseo profundo de que Dios reciba específicamente algo que El merece recibir de Sus criaturas, eternamente o en determinados momentos y lugar'.
A continuación, facilitamos siete patrones bíblicos para bendecir a Dios, que nos ayudarán a esclarecer aún más el concepto y nos servirán en la práctica de nuestro culto a Dios:
1ro. Basado en Dan. 2:19
"¡Bendito Tu Nombre para siempre!" i.e. que Él sea objeto de bendición siempre; que todos lo bendigan siempre.
2do. Basado en Lc. 2:29
"…Que tu propósito sea cumplido en.." i.e. que El vea Su deseo cumplido, se sienta satisfecho, Su plan se cumpla. (cf. Is. 62:1).
3ro. Basado en 1 Cr. 17:24
"Que Tu Nombre sea glorificado." i.e. "Que todo el mundo se dé cuenta de que Tu siempre cumples lo que prometes y esto traiga honor eterno a Tu Nombre" (V. Living Bible)
4to. Basado en 1 Cr. 29:10
“! Que todos Te reconozcan como lo que Eres, y Tú recibas
- la magnificencia
- el poder
- la gloria
- la victoria
- el honor
- el reino -la suprema excelencia!"
i.e. (primera parte) ídem a Dan. 2:19 (segunda parte): que recibas o que Tus criaturas Te reconozcan y te atribuyan... (todo lo enlistado)
5to. Basado en Mt. 6:9 (gr. "reverenciado...")
"Que todos tiemblen ante Tu Presencia"
6to. Basado en Mt. 6:10a
"Que Tu Reino sea extendido en.."
7mo. Basado en Mt. 6:10b
"Que Tu Palabra sea obedecida en.…"
Con respecto a la postura más común a asumir a la hora de bendecir al Señor, el Salmo 134 nos la sugiere cuando nos exhorta en el v.2:
"Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Jehová"
4. ADORACIÓN
La Adoración es un tributo altamente disputado en el mundo espiritual; grande ha sido y aún es la contienda por recibirla. Son muchos los seres espirituales que desde tiempos inmemoriales han pretendido -y aun pretenden con extremo afán- recibir adoración buscando de esta manera usurpar el derecho y auto investirse la dignidad del Dios Altísimo.
La consideración Divina de este grado de osadía ha sido tal que, según el testimonio de las Sagradas Escrituras, el Todopoderoso ha entendido pertinente reclamar con la mayor energía Su inalienable derecho
en virtud de Su posición como Único y Verdadero Dios, retando a aquellos 'pretendidos dioses' que amenazan con apropiarse ilícitamente de lo que solamente a Él pertenece.
Todo esto lógicamente nos hace pensar que la Adoración tiene necesariamente que constituir un elemento litúrgico de insospechado valor y, por considerarnos adoradores de Dios, constituye un verdadero reto para nuestro intelecto y una real necesidad para nuestra sagrada profesión alcanzar a tener al menos una idea de cuánto puede significar para Él lo que a diario le estamos tributando.
VALOR DE LA ADORACIÓN
El valor que pueda tener la Adoración se pone de manifiesto en el marcado énfasis con que las Sagradas Escrituras señalan su legítima direccionalidad. En ellas la Adoración es reclamada para Dios con acentuada vehemencia, siendo la expresión "Adorad a Jehová" (Sal. 29:2), más que una mera invitación, un imperativo inobjetable que simultáneamente niega toda legitimidad a las posibles aspiraciones presuntuosas de parte de las criaturas. Más que simplemente enfatizar lo incontrovertible e inalienable de Su derecho a la Adoración Universal, las Escrituras delatan la inclinación que Dios Mismo presenta en lo más profundo de Su ser a recibir la debida adoración de Sus criaturas espirituales: Dios Padre "...busca que le adoren" (Jn. 4:23) y bastará con saberlo para suponer que la Adoración debe encerrar un extraordinario significado para El. Es de esta manera que la Biblia nos facilita una orientación correcta para la Adoración, proyectándola hacia el Divino Creador y asegurándonos que llegará el hermoso día en que "toda la tierra (le) adorará" (Sal. 66:4).
Por otro lado, el valor que encierra la Adoración se pone igualmente de relieve en la manifiesta determinación eterna de la Deidad en cuanto a reservar la misma exclusivamente para Sí (Mt. 4:10 vs. Dt. 6:13) y la eventual decisión de Dios Padre tocante a honrar a Dios Hijo por medio de ella, en ocasión de Su introducción en el mundo en estado de obediente humillación (Heb. 1:6).
No menos evidente se hace el extraordinario valor de Adoración, sin embargo, en vista de la abierta pretensión del inveterado enemigo, quien en un principio pretendiera recibir la adoración de los ángeles (Is. 14) y, siglos después, con insólita osadía pretendiera ser adorado por la Segunda Persona de la Deidad (Mt. 4:9), "a (Quien) sea la gloria por los siglos de los siglos", no cejando aún en su presuntuoso empeño de apropiarse la adoración de todo ser creado a imagen y semejanza del Adorable Creador.
Es inevitable, por tanto, llegar a la conclusión de que la Adoración encierra un valor extraordinariamente incalculable a criterio del mundo espiritual, la cabal comprensión de lo cual decididamente escapa a nuestra mente limitada. No obstante, es de esperar que en el intento de definir en principio la Adoración, el espectro de nuestra comprensión sea ampliado lo suficiente como para poder apreciar con justicia lo que estamos llamados a tributar con pleno conocimiento de causa.
DEFINICIÓN DE LA ADORACIÓN
Pudiéramos definir la Adoración, en primer lugar, como 'el tributo privado de Dios'; pues si bien ciertas cualidades, así como determinados derechos inherentes a la Deidad, son -no obstante- gustosamente compartidos con Sus criaturas, la Adoración -sin embargo- es una atribución divina absolutamente intransferible.
Si pensáramos, por ejemplo, en Su sabiduría y poder, la Biblia revela que "con Dios está la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y la inteligencia" (Job 12:13). Sin embargo, nos asegura también que "El provee de sana sabiduría a los rectos" (Pr. 2:7) y que "dará poder a su pueblo" (Sal. 29:11). Asimismo, Su amor y gloria han sido de igual forma compartidos espléndidamente con nosotros; puesto que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones..." (Ro. 5:5) y "nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen..." (2 Co. 3:18).
Por otra parte, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Dios no se considera ofendido si manifestamos profundo agradecimiento hacia otras personas, les dirigimos sinceras expresiones de elogio y admiración, y pronunciamos bendiciones sobre ellas, con tal que siempre sepamos discernir los límites. Más bien nos sentimos animados por la Escritura a hacerlo y, por otro lado, sería hasta ridículo pensar lo contrario.
No obstante, como es de esperar, Dios reserva para El todos Sus Atributos Personales, así como algunas acciones y derechos específicos, tales como la Salvación (Is. 43:11), la Venganza (Ro. 12:19) y -por supuesto- la Adoración (Lc. 4:8).
También es posible considerar la Adoración como 'una forma superior de Alabanza' que permite la sublimación o el clímax de la misma. La razón es evidente: en la Alabanza le damos a Dios nuestro criterio, concepto o reconocimiento de -y celebración a- El, mientras que en la Adoración nos damos nosotros mismos. Mediante la Alabanza atraemos la Presencia de Dios -como ya hemos visto-, mientras que mediante la Adoración honramos esa Presencia una vez llegada. Con Alabanza, en definitiva, nos acercamos a Dios para rendirle culto, mientras que con Adoración consumamos ese culto; puesto que alabar a Dios para luego no adorarle, es como llamar a una persona para luego no decirle ni darle nada cuando llega.
De igual manera, pudiéramos catalogar la Adoración como 'la manifestación suprema de lealtad y sumisión'; pues fue realmente eso lo que Dios le pidió al pueblo hebreo (Dt. 6:13), lo que los magos del oriente le manifestaron al Niño y lo que el tentador procuró de Jesús.
REQUISITOS DE LA ADORACIÓN
Como todo lo que se ofrece a Dios con la mira de que Él lo acepte, la Adoración que Le tributamos debe reunir ciertos requisitos indispensables que debemos conocer:
Ante todo, la Adoración a Dios debe ser 'en espíritu' porque "Dios es Espíritu" (Jn. 4:24). Cuando decimos 'en espíritu' nos estamos refiriendo al nivel más elevado o superior de la tricotomía del ser humano (cf. 1 Tes. 5:23): no es a nivel del cuerpo ni a nivel del alma que somos llamados a adorar, sino a nivel de nuestro espíritu. La Adoración -en el sentido exclusivo del término, que es el que venimos usando- que le rendimos a Dios, debe circunscribirse al espíritu (humano): no debe ser emocional (o del alma) ni física (o del cuerpo), sino 'espiritual'. Es el espíritu (humano) el que en este caso debe dirigir la Adoración, no el alma o el cuerpo: tanto el alma como el cuerpo participan con un papel rector en otras actividades del Culto; como es el caso del alma a la hora de 'bendecir' (cf. Sal. 103:1, 2, 22; note que aquí es el espíritu de David quien está instando a su alma a que bendiga a Jehová; en el v. 1f el término heb. 'kérev' -traducido "ser" por RVR, lo cual tiende a confundir- nos habla de 'centro', por ser lo que está 'más cerca' a la vez de todas las partes de un todo, y en el AT aparece usado en forma tanto literal como figurada; razón por la cual hay versiones de la Biblia que lo traducen "entrañas" (VM), "corazón" (KJV) y "parte interior" (cf. KJV, RSV, NIV), y que aquí cumple la función de referir el 'alma' como parte central del ser humano; permitiendo de esta forma el 'paralelismo sinónimo' de este primer versículo) y el caso del cuerpo a la hora de 'danzar' en la presencia del Señor. De manera que los "verdaderos adoradores" son los que adoran "en espíritu" (Jn. 4:23).
La Adoración a Dios, para que sea aceptada, también debe ser 'sincera', porque Dios es omnisciente (Jn. 4:24: "...y en verdad") Dios no recibirá una adoración fingida; El busca 'verdaderos' adoradores.
Por otra parte, nuestra adoración a Dios debe ser 'santa', porque Dios es santo (Sal. 29:2); es decir que debe proceder de un corazón puro.
Si atendemos a los detalles anteriormente observados, llegaremos a convencernos de la gran importancia que reviste la Adoración a los ojos de Dios, así como la prioridad que requiere en el culto que rendimos a Él y, por ende, la atención que merece por parte nuestra.
Pautas fundamentales en el ejercicio del ministerio
Preparación del culto, dirección musical, cortesía y sensibilidad espiritual.
Orientación para la lectura
El orden descrito es el modelo ministerial propuesto por el autor. Debe aplicarse con discernimiento pastoral, respeto a las personas y coordinación con el liderazgo; no como una secuencia obligatoria que asegure una experiencia espiritual.
ORDEN DEL CULTO
Siempre que el pueblo de Dios, la iglesia, se congrega en un lugar dedicado para la adoración -en el sentido amplio del término- es de esperar que exista primeramente un acercamiento a Dios, al cual -cuando es sincero- se supone que El corresponderá generosa y adecuadamente, permitiendo que las propias necesidades espirituales de los congregados sean satisfechas antes que queden en capacidad de ministrar a las necesidades de otros, dentro y fuera del recinto de reunión.
Desde este punto de vista, la actividad espiritual desarrollada en el marco citado puede considerarse divisible en tres etapas principales: la primera consistirá en ministrarle a Dios; seguidamente Dios nos ministrará
personalmente en cada uno de nosotros en particular, así como a todos en general y, finalmente, nosotros nos ministraremos unos a otros y también ministraremos a los demás.
Es a la primera etapa del servicio religioso cristiano (es decir, la etapa de ministración a Dios) a la que pudiéramos llamar propiamente 'culto', pues es durante la misma que rendimos culto a Dios de forma específica. En esta etapa, el centro de atención es El; hacia El dirigimos las expresiones y formas de culto, encaminándonos hacia un contacto directo y personal con Su Presencia.
Es precisamente en esta etapa donde el Ministro de Música juega un papel preponderante. Su función será guiar la congregación hasta la Presencia de Dios, y ello exige un proceso progresivo e ininterrumpido: siguiendo el orden lógico bíblicamente establecido para acercarnos a la Presencia de Dios (cf. Sal. 100:4; 95:1-7), el 'Culto a Dios' debe progresar de la entrega de las ofrendas espirituales a la entrega del propio oferente; o, dicho de otra manera: de la fase de Acción de Gracias-Alabanza-Bendición a la fase de Adoración en el sentido exclusivo del término.
"Así como los sacerdotes aarónicos entraban diariamente al Tabernáculo de Moisés y más tarde al Templo de Salomón, hoy nosotros como Sacerdotes del Nuevo Pacto estamos llamados a entrar diariamente a Su Presencia.
"El Tabernáculo de Moisés tenía puertas que conducían a las diferentes áreas y recintos. Los sacerdotes entraban a través de estas puertas para 'ministrar al Señor' en el Lugar Santo. Una vez al año, el Sumo Sacerdote entraba al Lugar Santísimo, el cual contenía el Arca del Pacto (Antiguo).
"El Lugar Santísimo constituía la réplica terrenal del recinto celestial del Trono de Dios. El Arca con la cubierta del Asiento de Misericordia (o Propiciatorio) constituía el lugar terrenal que tipificaba o representaba al Trono de Dios. De manera que estar en el Lugar Santísimo significaba estar en la misma Presencia de Dios.
"En el momento en que Cristo entregó el espíritu sobre la cruz, el velo que separaba al hombre de Dios fue rasgado sobrenaturalmente en dos, de arriba a abajo. Ya el hombre no necesitaba más estar separado de Dios por causa de su pecado, pues los pecados del hombre podían ahora ser perdonados. A partir de entonces, hombres y mujeres podían entrar con confianza a la Presencia de Dios.
"Y así como existía una progresión en 'el entrar' de los sacerdotes del Antiguo Pacto o Testamento, existe esta misma progresión en nuestro 'entrar' hoy cuando -como Sacerdotes del Nuevo Pacto- venimos diariamente ante Su Presencia con alabanza y adoración. Estamos llamados a 'entrar' diariamente a Su Presencia en nuestro tiempo de devoción privada, pero también en nuestro tiempo de devoción pública cuando nos congregamos como Cuerpo de Cristo. 'Entrar' requiere un acto de obediencia de nuestra parte. Dios desea que entremos a Su Presencia, mas nosotros debemos tomar la iniciativa de hacerlo.
"Primeramente somos instruidos por David de la siguiente manera:
"Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre" (Sal. 100:4)
"Entramos por Sus puertas con Acción de Gracias. No podemos entrar por Sus puertas con ingratitud en nuestros corazones. Nuestros primeros cánticos al entrar deben ser aquellos que expresan nuestra gratitud o acción de gracias de corazón al Señor.
"Una vez que atravesamos 'sus puertas', nos encontramos en 'sus atrios'. Debe seguirse entonces una progresión al avanzar hacia Su presencia. Para entonces no estaremos todavía preparados a precipitarnos dentro del Lugar Santísimo en la más íntima y solemne actitud de adoración, sino que antes debemos emplear tiempo en 'sus atrios'. Se nos instruye que en 'sus atrios' debemos alabar. Es aquí donde nos involucramos en un jubiloso ambiente de cánticos entonados, aplausos, manos levantadas y -con frecuencia- danza delante del Señor como expresión de nuestra alabanza.
"A medida que pasa el tiempo en 'los atrios de alabanza', comenzamos a sentir en nuestro espíritu una atracción a acercarnos aún más a Dios. Lentamente somos dominados por lo que EL ES. Comenzamos a entrar en una forma superior de alabanza, a medida que nos introducimos en 'sus cámaras', en el Lugar Santo (con Bendición).
"Repentinamente, dejamos de danzar o aplaudir. Nos volvemos tan conscientes de la Presencia de Dios que nuestras manos comienzan a levantarse a Él en profunda reverencia. La música ahora es más lenta. Lo que hasta solo un momento antes estaba 'en orden' ha cesado abruptamente. La
santidad de la Presencia de Dios es casi sobrecogedora.
"A medida que continuamos avanzando hacia el interior, lágrimas puede que estén descendiendo por nuestras mejillas. Algunas veces todo lo que podemos hacer es dejar de tocar y cantar, permaneciendo callados, en silencio en Su Santa Presencia. Nos olvidamos de los que nos rodean; no nos damos cuenta de la presencia de ellos. Estamos totalmente conscientes de Dios. Nos encontramos en Su Presencia, perdidos en Su amor.
"Casi sin darnos cuenta nos hemos deslizado -como el Sumo Sacerdote- 'dentro del velo'. Nos encontramos ya en el Lugar Santísimo, en lo íntimo de la Presencia de Dios. La unción y el poder experimentados son indescriptibles. Algunos se inclinarán o postrarán delante de Él; otros harán morir en ese momento las obras de su carne por el Espíritu...
"...Una vez que hayamos logrado llegar al Lugar Santísimo, no debemos retirarnos apresuradamente de Su Presencia, sino permanecer por un tiempo en ella: mientras lo hacemos, nuestras vidas serán cambiadas, renovadas. Nos hallamos tan cerca de Él que en nuestro espíritu queda una impresión indeleble de Su carácter. Mientras más tiempo invertimos entregados en Su Presencia en total intimidad con El, más conformados a Su imagen será nuestro espíritu, más transformadas en la imagen de Su Hijo Jesús serán nuestras vidas, más semejantes a El llegaremos a ser.
"Es aquí donde se experimenta el más alto nivel de comunión. Es aquí donde podemos oír Su voz claramente. El clamor de nuestro corazón debiera coincidir con el del salmista cuando escribió:
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me (encontraré con -NIV-) Dios?" (Sal. 42:1-2)
(Todo lo que aparece entre comillas ha sido traducido de 'Praise and Worship Study Guide' by A. L. and Joyce Gill. Introduction, pp. 5 y 6; Powerhouse Publishing 1989; Fawnskin, CA).
Esta progresión ininterrumpida en la unción del culto se hace posible:
1. Evitando a toda costa la inclusión en el programa de cualquier parte incompatible o que no responda al espíritu del culto.
2. Dirigiendo la ministración al Señor y no al público.
3. Evitando anunciar las partes que se suceden o los nombres de las personas que las desarrollan.
4. Siguiendo el desarrollo de un tema que rija el desenvolvimiento de todas las partes del culto, determine la selección de cantos, poemas, lecturas bíblicas, etc. y encuentre su clímax en la exposición bíblica finalmente. (Es obvio que dicho tema estará determinado por el tema del sermón).
5. Agrupando los coros de un mismo tema por tonalidades iguales o vecinas, a fin de pasar de uno a otro sin interrupción.
6. Incluyendo el momento de las ofrendas monetarias de forma imperceptible, imprimiéndole un carácter reverente y haciendo que la congregación avance hacia el altar trayendo las mismas con gratitud al Señor, como un acto de culto, y sin perder la comunión con Dios.
7. Posponiendo la ministración a las necesidades de la congregación para inmediatamente después de la ministración de la Palabra. Esto incluye: imposición de manos, oración por los enfermos, presentación delante del Señor, etc.
8. Relegando los 'anuncios' para el final del servicio, inmediatamente antes de despedir a la congregación.
CONDUCCIÓN DEL CULTO
Existe marcada diferencia entre ser un 'Director de Programa de Culto' y ser un 'Director de Culto'.
El Director de Programa de Culto es más bien un 'líder administrativo'. Su mayor interés será administrar personas, partes, tiempo; puro formalismo. También pudiera catalogársele de 'maestro de ceremonias': se esforzará porque haya puntualidad, estética, dinamismo; y muchas veces puede convertirse, por causa de ello, en un simple 'animador'. Realmente no es él quien dirige a la congregación en el culto; más bien delega esa tarea "menos importante" (¿?) a otras personas frecuentemente menos competentes. Con él al frente se hace muy difícil -si no imposible- evitar que el culto se desarrolle de forma entrecortada, se pierda mucho tiempo innecesariamente, se haga de la congregación el centro de atención y, al fin, ésta se retire sin haber llegado a encontrarse con el Señor. Pero por muy increíble que parezca, es ésta la 'forma tradicional' de conducción de culto.
Muy por el contrario, el Director de Culto:
(1) Es un verdadero 'Líder Espiritual'. Es él quien realmente dirige a la congregación en el culto a Dios, quien trabaja directamente con ella. Permitirá la participación de otros, introduciéndoles de forma imperceptible, pero él seguirá al frente.
(2) Su centro de atención será Dios. Como alguien bien ha dicho, en el templo -a diferencia del Teatro-los que deben 'actuar' durante el culto realmente no son los que suben a la plataforma o escenario: los verdaderos 'actores' deben ser los que se encuentran en la sala o auditorio; es decir, la congregación, que se supone ha venido a rendir culto (como bello 'espectáculo') a Dios; los que suben a la plataforma están para asistir o ayudar y guiar a esa congregación en aras de que la misma pueda realizar una buena y aceptable 'actuación'. Por supuesto, el verdadero auditorio será el Cielo, y el verdadero espectador será entonces Dios, para quien solamente esa congregación debe actuar y de quien solamente debe esperar la aprobación y el aplauso. Cuando trastrocamos los términos buscando asemejar el Templo a un Teatro, se suscitan ciertos inconvenientes: los que suben a la plataforma se creen los artistas y procuran la aprobación y los aplausos de la congregación, a quien se van a estar dirigiendo constantemente durante esta etapa del servicio por esa misma causa y hasta llegan a entablar diálogos con ella, casi ignorando al verdadero espectador (:Dios); la congregación, por su parte, puede creer que se ha reunido tan sólo para contemplar un lindo espectáculo y como consecuencia, mantenerse todo el tiempo pasiva, o tal vez criticista, pero siempre ajena al verdadero motivo de reunión. Y Dios ¿cómo se sentirá Dios en este caso?
(3) Su sólo propósito será guiar a la congregación en un proceso continuo y sin interrupciones hasta el estado espiritual en que pueda encontrarse con Dios disfrutar de Su presencia, intimar con El y ser ministrada con éxito. Poder contar siempre con un Director de Culto -y no un mero Director de Programa de Culto- garantizaría el éxito en nuestros 'servicios' cristianos. La molestia que siempre causa romper un canon se vería ampliamente compensada al obtener, como resultado, cultos mucho más bendecidos, congregaciones mucho más edificadas y ministraciones mucho más ungidas. La clave radicaría entonces en saber seleccionar adecuadamente al Director de Culto.
La dirección de culto es una especialidad dentro del Ministerio Musical y una gran responsabilidad que requiere esfuerzo: guiar a toda una congregación, a menudo enferma, agotada, afligida, resentida y hasta rebelde, hasta un grado espiritual de libre interacción con Dios -tanto a nivel individual como a nivel congregacional- no es tarea para todo el mundo!: debe ser una persona competente, conocedora de los principios espirituales de la adoración y aspectos prácticos de la Música; permitir que una persona no- competente asuma la dirección, sería una falta de consideración hacia las personas reunidas, las cuales necesitan, esperan y merecen ser bien dirigidas.
A continuación, expondremos tres requisitos fundamentales para la selección de un Director de Culto:
1ro. Debe ser 'un adorador'
"No podrá guiar la congregación a una experiencia que él mismo ignore, por lo que debe caracterizarle una intensa dedicación a la alabanza y la adoración en su vida diaria y su devoción personal; o lo que es lo mismo, debe invertir tiempo en la Presencia de Dios.
"La eficacia de su ministerio en público dependerá de la fidelidad de su ministerio en privado (cf. Sal. 149:5b). El culto genuino es la expresión de individuos, no tan sólo de una congregación; el Padre busca no tanto adoración como 'adoradores'. Esto implica que debe aprender a rendir culto al Señor como persona que mantiene una relación individual con El y no como alguien que simplemente imita
a otros en la Iglesia. Lo ideal es ser adoradores en el hogar, porque en la congregación es fácil serlo. El culto genuino, además, fluye ininterrumpidamente. (cf. Sal. 34:1; 35:28; 145:1-2; Heb. 13:15).
"De manera que el verdadero adorador sabe dónde encontrar a Dios, anhela estar siempre en intimidad con El, vive una vida de victoria, gozo y poder espiritual, y es entendido en la naturaleza de Dios y Su voluntad. Esto lo califica para asumir la responsabilidad de guiar a toda una congregación hasta el punto donde puede encontrarse con Dios, disfrutar de Su presencia y comulgar con El". (*)
2do. Debe ser una 'persona entendida en el asunto'
Entendida, en primer lugar, en los elementos básicos de la Música: entonar y mantenerse en tono, identificar la nota de entrada por la introducción, detectar si el tono dado es demasiado alto o demasiado bajo y tener nivel de decisión, distinguir diferencias de modo, aire, etc.
Persona entendida, en segundo lugar, en métodos y recursos de dirección; pues su habilidad inspirará seguridad a la congregación, lo cual hará que ésta le siga confiadamente. Por el contrario, la inhabilidad del líder (que se traduce en inseguridad, gestos e indicaciones ambiguos e incorrectos, no dominio de la canción y dependencia de la congregación -para determinar qué hacer o qué cantar, lo cual delata la ausencia de programación- o de los instrumentistas -cuando la evidente incompetencia del que dirige les tienta a suplantarle en su función directiva-) crea confusión e incomodidad en los presentes e interrumpe el libre fluir de la unción en la congregación.
Por la importancia que ello reviste, sugerimos a continuación algunos métodos y recursos de dirección de culto:
(1) Programación coordinada.
a. Con el predicador: sus planes (puede propiciarse un intercambio de ideas y llegarse a un acuerdo y el tema de su sermón (debe haber un propósito y un enfoque en el culto).
b. Con los demás participantes: (es decir, los que traerán himnos especiales, lecturas, declamaciones, etc.) Coordinar la intervención de ellos en cuanto a extensión, contenido y forma; mantener el tema; ser selectivo y reclutarles con tiempo para la preparación espiritual adecuada.
c. Con los músicos: Coordinar repertorio (coros conocidos por él, la congregación y los músicos), tonalidades, aires, introducciones, cambios de tono, interludios, música de fondo, tehillas, coros nuevos e himnos o canciones especiales. (En cuanto a los coros nuevos sugerimos: enseñar primero, luego de un previo análisis, a un grupo selecto; introducir la melodía durante el tiempo de ofrenda o llamado al altar; hacerlo "un sándwich" entre dos coros bien conocidos o introducirlo como 'un especial'. De esta forma la congregación lo irá asimilando sobre la marcha sin que se creen 'baches' y sin necesidad de dedicarles un espacio de tiempo para su enseñanza durante el culto). Dejarles copia del programa. En la mayoría de los casos, será provechoso realizar previo al culto un breve ensayo.
(2) Manejo adecuado de las 'expresiones de culto.'
Por 'expresiones de culto' entendemos aquellas acciones, actitudes y manifestaciones que, en un momento dado expresan un determinado sentimiento cultual hacia Dios; como, por ejemplo: estar en pie, alzar las manos, palmear, aplaudir, aclamar, alzar pendón (pañuelos, biblias, etc.), hacer procesión, pasar al frente, postrarse, provocar antifonías, etc.
"Deben ser siempre un reflejo de lo que está sucediendo en la congregación; es decir, de lo que está sucediendo en el corazón (cf. Lc. 17:15-16). Cuando las expresiones de culto no representan realmente lo que está sucediendo en el corazón del adorador, devienen expresiones huecas, puro formalismo y no tienen ningún significado para Dios; por tanto, debe existir razón, realidad y propósito al hacer uso de ellas" (*) o de lo contrario también se corre el riesgo de que la congregación se sienta 'manipulada'.
Identifique, por ejemplo, algunas razones y propósitos para ciertas expresiones de culto que encontramos en la Biblia y que a continuación presentamos:
Manos (Lm. 3:41; Sal. 134:2)
De pie (Ez. 2:1; Dan. 10:11)
Arrodillarse, postrarse (Sal. 95:6; Hch. 21:5; 2 Cr. 20:18)
Reír (Sal. 126:2; Job 8:21)
Aclamar (1 Sam. 4:5; Esd. 3:11; Sal. 47:1)
Fuerte y alta voz (2 Cr. 20:19; Esd. 3:13; Sal. 98:4-6, antecd. vv. 1-3; Lc. 17:15-16; 19:37)
Alzar pendón (Sal. 20:5; 60:4; Ex. 17:15; Núm. 2:2; Is. 59:19; 11:10)
Antifonía (Is. 6:3; Sal. 118:1-4; Ex. 15:21)
(3) Uso de la cortesía
a. Uno de los requerimientos de la 'ética del culto' es que la congregación nunca debe ser manipulada: el líder no debe arrogarse el derecho de hacerlo; él debe prestar atención -por ejemplo- al tiempo en, y la frecuencia con, que la congregación permanece de pie; nunca debe enseñorearse de la congregación ni conminarla a satisfacer sus gustos personales caprichosos.
b. La congregación nunca debe ser ofendida. "Si no se encuentra espiritualmente en el lugar que el líder esperaba encontrarla, debe ir en su busca en vez de esperar que ella venga, criticarla o condenarla. "El líder no puede partir desde el punto en que él se encuentra, sino que debe mostrar suficiente habilidad como para guiar la congregación desde donde ésta se encuentra espiritualmente en ese momento, de manera progresiva, hasta introducirla en la misma Presencia de Dios. Para ello debe lograr hacer contacto inmediato con la congregación, ganar la confianza de la misma en su liderazgo y entonces moverla sin pérdida de tiempo en la debida dirección. En caso de que la congregación dé muestras de no haberle seguido, el líder debe pedir sabiduría de Dios para detectar y eliminar lo que está estorbando, a fin de lograr el avance de la congregación hacia el clímax del culto. Puede exhortarles con gentileza y amor, o enseñarles pacientemente cómo entrar en la presencia del Señor; pero nunca debe condenarles, criticarles u ofenderles (mucho menos si hay visitantes), pues una congregación ofendida no seguirá al líder y, como consecuencia, el servicio de culto será un 'fracaso’. “Debe también tener presente que existen varias razones por las cuales algunas personas no avanzan o se adentran en los demás congregados en la alabanza y la adoración: algunos puede que sean incrédulos, otros puede que sean creyentes que viven en rebeldía o desobediencia al Señor, otros puede que estén demasiado cargados, y aun otros puede que no sepan cómo hacerlo. El líder no debe dejarse distraer por una minoría rezagada; es mejor ignorarla con tal que el resto permanezca siguiéndole y avanzando hacia la Presencia de Dios. (Muchas veces es posible tratar posteriormente con tales individuos de forma personal)". (*)
c. Las alocuciones deben ser siempre corteses (por ej. "si tienen la bondad de...", 'si son tan amables cono para'), edificantes, (por ej., 'Dios está aquí'; 'somos más que vencedores'), y positivas (por ej., 'yo sé que Uds. han venido a alabar a Dios'). El líder no debe olvidar que los reunidos son 'personas' y que, por lo tanto, tienen voluntad propia, raciocinio y sentimientos.
(4) Sabio manejo del factor tiempo
El líder debe limitarse al tiempo establecido: debe supeditar el programa al tiempo disponible y no viceversa; también debe supeditar el balance del programa a la indicación del Espíritu Santo y a la necesidad espiritual de la congregación. Cuando cuente con tiempo extra concedido por el gobierno de la iglesia, debe limitarse tanto a la indicación del Espíritu Santo como al consenso evidente de la congregación.
(5) Independencia
La congregación no tendrá confianza y, por tanto, no seguirá a un líder débil de carácter, apocado, confundido o dependiente. Ella espera ser bien dirigida y, como hemos dicho, constituye una falta de consideración hacia el cuerpo de creyentes reunidos permitir que una persona incompetente asuma la dirección del culto.
Los músicos deben estar sujetos a él; mas, para ello debe ser capaz de demostrarles ser un guía seguro, dando evidencias de poseer habilidad, unción y autoridad. Note esto:
"Habilidad sin unción ni autoridad produce orgullo. Unción sin habilidad ni autoridad es ignorancia.
Habilidad y unción sin autoridad producen frustración. Autoridad y habilidad sin unción producen legalismo. Autoridad sin habilidad ni unción produce fracaso" (**)
El líder debe dar muestras de saber lo que quiere, hacia dónde se dirige y cómo lograrlo; lo cual será clara evidencia de que tiene un programa bien preparado y goza de la habilidad necesaria para desarrollarlo.
3ro. Debe ser un creyente que 'sabe fluir en la unción del Espíritu Santo' a. A la hora de programar el Culto
Siempre que nos reunimos como Iglesia, Dios desea que nos encontremos con El a fin de crecer en conocimiento de Su naturaleza, carácter y persona. "A medida que contemplamos al Señor en la intimidad de Su Presencia, nuestro espíritu es conformado más y más a Su imagen, produciéndose una transformación progresiva en nuestras vidas por el conocimiento que de Dios vamos adquiriendo" (*). Cf. 2 Co. 3:18; 1 Jn. 3:2; Sal. 17:15.
"Dios tiene un plan y un propósito para cada Culto, y es responsabilidad del líder detectarlos con vistas a fluir en la 'revelación específica' que El desea, la cual consistirá en una nueva iluminación de Su Palabra en nuestro espíritu" (*). De aquí resulta que no todos los cultos tienen necesariamente que resultar iguales: puede que en unos el Espíritu Santo quiere enfatizar verdades y actitudes que en otros no enfatizó (por eso decíamos más arriba que el balance del programa debe estar supeditado a la indicación del Espíritu Santo y a la necesidad espiritual de la congregación); de manera que el líder debe mantenerse sensible a la indicación del Espíritu aun a este nivel.
b. A la hora de ministrar
Es de suma importancia que el líder sepa cómo se manifiesta genuinamente la 'unción', a fin de poder fluir en ella convenientemente. Pero antes debemos descartar la 'falsa unción':
"Qué NO es unción:
- No es un poder que hace perder el control.
- No es una emoción que se experimenta al escuchar buena música.
- No es un poder que altera la voz del que preside.
- No es un poder que hace temblar las manos y causa contorsiones faciales y corporales.
- No es la manifestación de habilidades y/o talentos naturales (como la elocuencia de un excelente orador).
- No es una emoción que hace posible una personalidad tan dinámica que impela ministrar rápida y fogosamente, acompañado de gritos, saltos y golpes.
- No es tampoco una quieta atmósfera religiosa". (***)
Cómo se manifiesta la verdadera unción del Espíritu Santo:
- Produce en nosotros intenso amor a Dios; profundo deseo de tributarle alabanza y adoración, buscar Su comunión y someternos a Su voluntad; y sincero amor hacia Su pueblo.
- Nos hace contemplar la santidad de Dios y desearla; humildes ante Dios y valientes ante Sus enemigos. También nos hace ministrar con plena libertad espiritual.
- Neutraliza nuestra naturaleza carnal y pone en función los dones del Espíritu Santo en nuestras vidas para edificación de la Iglesia.
- Imparte autoridad espiritual a la hora de exponer, confesar y aplicar la Palabra de Dios.
- En resumen, nos hace competentes para el ministerio del Señor y de Su Iglesia.
No quisiéramos finalizar este capítulo sin antes dejar señalados al margen dos aspectos no menos fundamentales, a los cuales el Ministro de Música o Director de Culto hará bien en prestar atención:
(1) La importancia de saber respetar el silencio
a. "El silencio reverente ante la realidad de la Presencia de Dios (cf. Hab. 2:20). El líder debe resistir la tentación de 'hacer algo para llenar el hueco'". (*)
b. El silencio del Espíritu; es decir, ausencia de voz profética.
Con frecuencia el Espíritu utiliza estas pausas o silencios para manifestarse en voz profética, pero no necesariamente tiene que ser siempre así. De manera que el líder debe mantenerse sensible al Espíritu y no 'provocar' -con su impaciente espera o sus indiscretas palabras- la exaltación de ánimo entre la congregación, lo cual puede resultar peligroso.
(2) La importancia de saber cómo y cuándo abandonar su función
El líder o ministrador principal debe ser sumamente cuidadoso a la hora de abandonar a la congregación, una vez que ésta haya sido conducida por él a la presencia del Señor y se encuentre en profunda adoración, "a fin de que no sea interrumpido o estorbado lo que esté sucediendo en la vida de cada creyente durante ese momento tan especial". No deberá apresurarse a abandonar la dirección, sino esperar pacientemente y en silencio, observando a la congregación mientras mantiene su comunión con el Espíritu Santo. Tan pronto se cerciore de que Él ha cesado momentáneamente Su trato con la congregación, debe dar paso sin preámbulo al exponente de la Palabra.
"Al retirarse tendrá la satisfacción de haber sido capaz de conducir a otros creyentes hacia una experiencia inexpresable de alabanza y adoración que, sin duda, ha traído gran placer al corazón de Dios; y saber que muchas de esas vidas han sido transformadas por el poder de Su Presencia". (*)
- 'Praise and Worship Study Guide' -A. L. and Joyce Gill Powerhouse Publishing, 1989; Fawnskin, CA
- 'Music Ministry' -Mike and Viv Hibbert- 1982 - 'Canada Arise!', April 18-20, 1991 and June 4-6, 1992 (**) Lo que aparece entre comillas ha sido tomado textualmente de 'Music Ministry' -Mike and Viv Hibbert- 1982; p. 72 (***) Lo que aparece entre comillas ha sido tomado de 'What is the Anointing?' -John Finochio-'Canada Arise!' June 4-6, 1992, p. 17; quien, a su vez, tomó de 'The Making of a Leader' by Frank Damazio, p. 291
MATERIAL ORIGINAL
Cuestionario de repaso
Las 62 preguntas abiertas del cuestionario original. Estas mismas preguntas se distribuyen en las evaluaciones de los capítulos y se reúnen en la evaluación final, conservando su numeración del folleto.
- ¿Quién y dónde incorporó la Música Ungida al ministerio santo?
- Mencione algunos aspectos interesantes del Ministerio de la Música, puestos de relieve en la restauración hecha por Ezequías.
- ¿De qué manera testifican las Escrituras del propósito de Dios que cada creyente llegue a convertirse en un ministrador de alabanza?
- ¿De qué naturaleza son los sacrificios a presentar en el Nuevo Pacto?
- Señale los indicios de la alusión tipológica que los sacrificios del A.T. presentan de los sacrificios a ofrecer por el creyente como sacerdote bajo el Nuevo Pacto.
- ¿Sobre qué altar presentan sus sacrificios espirituales los sacerdotes del Nuevo Pacto?
- ¿A qué tienda se refiere David en Salmo 27:6b? Explique.
- ¿Qué propósitos divinos descubrió David por medio del Espíritu Santo?
- ¿Cuál es el continuo sacrificio demandado por Dios en esta Era de Gracia?
- ¿Qué es el sacerdocio divinamente instituido?
- ¿Quiénes ejercían el sacerdocio antes de la promulgación de la Ley Mosaica?
- ¿Cuál promesa divina de recompensa a la perfecta obediencia a la Ley recibió Israel? Dé cita
- ¿A quiénes limitó Dios el oficio sacerdotal, luego de que Israel no supo cumplir como nación las condiciones impuestas por Dios?
- ¿Qué ha venido a ser la Iglesia en la presente Dispensación de la Gracia? Apoye su respuesta con la Biblia.
- ¿Cuáles son los recursos provistos por la Gracia Divina que hacen plenamente posible y altamente eficaz el sacerdocio de todos los creyentes? Explique
- ¿Qué importancia atribuyó Jesús a la prioridad de la unción para el servicio?
- ¿Qué vino a manifestar el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés?
- ¿Cuáles evidencias aportan las Escrituras neotestamentarias a la aseveración que la unción para el servicio a Dios está a disposición de todos los creyentes?
- Compruebe por Las Escrituras la verdad que establece que todos tenemos el mismo derecho y las mismas oportunidades de acercarnos a Dios.
- ¿Qué ha garantizado este libre acceso?
- ¿Qué dos razonamientos lógicos se desprenden de las consideraciones hechas sobre el apoyo que la Gracia Divina brinda al sacerdocio neotestamentario?
- ¿Cuáles elementos que conforman el culto espiritual que debemos rendir a Dios forman los componentes básicos del Ministerio de la Música?
- ¿Cómo aparece la Acción de Gracias en el A.T.? Describa.
- ¿Qué podemos afirmar sobre la Acción de Gracias?
- ¿Qué es ingratitud? ¿Qué es gratitud?
- Describa los beneficios de la gratitud.
- ¿Qué relación existe entre la Acción de Gracias y la Alabanza?
- Describa el desarrollo del proceso de ministración en el culto a Dios.
- Presente la base bíblica y argumentos que sustentan la declaración: "La Alabanza es un mandamiento universal".
- ¿Qué importancia reviste para nosotros el obedecer este mandamiento? Explique.
- ¿Qué no es alabanza? ¿Qué es alabanza? Cite ejemplos.
- ¿Qué importancia consigna la Biblia a la expresión verbal?
- ¿Tenemos poder para maldecir? Argumente.
- ¿Podemos bendecir? Argumente.
- Respalde bíblicamente la declaración: "Bendecir a Dios constituye un mandamiento".
- ¿Qué significa bendecir a Dios?
- Relacione 5 patrones bíblicos para bendecir a Dios.
- ¿Cuál es el valor de la adoración?
- ¿Qué encierra la expresión: "Adorad a Jehová"?
- Defina la adoración.
- ¿Qué requisitos debe reunir la adoración?
- ¿En cuántas etapas podría considerarse divisible la actividad espiritual a desarrollar en un servicio de adoración cristiano?
- ¿A cuál de estas etapas pudiéramos llamar propiamente 'culto'?
- ¿En cuál de estas etapas el Ministro de Música juega un papel preponderante?
- ¿Qué instrucciones nos da David para nuestro acercamiento a Dios?
- Explique con sus palabras cómo se realiza la ejecución de este proceso de acercamiento a la presencia manifiesta de Dios, al obedecer las instrucciones que David nos ha legado.
- ¿Cómo se hace posible esta progresión ininterrumpida en la comunión del culto?
- ¿Cuál es la diferencia entre un 'Director de Programa de Culto' y un 'Director de Culto'?
- Señale tres requisitos fundamentales para la selección de un Director de Culto
- ¿Por qué el Director de Culto debe ser un adorador?
- ¿Por qué el Director de Culto debe ser una persona entendida en el asunto?
- Señale algunos métodos y recursos de dirección de culto.
- ¿Qué se entiende por 'expresiones de culto'? Cite ejemplos.
- ¿Qué sucede cuándo las expresiones de culto no representan realmente lo que está sucediendo en el corazón del adorador?
- Presente algunas razones y propósitos para ciertas expresiones de culto que encontramos en la Biblia. Aporte sus citas.
- Señale uno de los requerimientos de la 'ética del culto'.
- ¿Qué debe hacer el líder cuando la congregación no se encuentra espiritualmente en el lugar donde él esperaba encontrarla?
- Cite algunas razones por las cuales algunas personas no avanzan o se adentran con los demás congregados en la alabanza y la adoración.
- ¿Qué debe hacer el líder a la hora de programar el culto?
- ¿Qué diferencia existe entre la 'verdadera unción' y la ‘aparente'?
- Explique la importancia del saber respetar el silencio del Espíritu
- ¿Cómo y cuándo debe el líder abandonar su función?
EVALUACIÓN
Examen
Responde cada pregunta con tus propias palabras, en párrafos completos. Incluye citas bíblicas cuando el cuestionario lo solicite. Puedes guardar un borrador y continuar después. Al entregar, el profesor asignado revisará tus respuestas y publicará la nota y sus observaciones.
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